Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 20 de febrero de 2026

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA: Retiro de Cristo en el desierto y tentaciones


El evangelio del primer domingo de Cuaresma presenta, en todas las tradiciones litúrgicas, a Jesús retirándose al desierto tras su bautismo. Este dato subraya que la Cuaresma es, en sí misma, una experiencia prolongada de desierto: un tiempo de silencio, prueba y encuentro con Dios que marca el inicio del camino pascual.

EL DESIERTO aparece, ante todo, como lugar de soledad y silencio, donde el ser humano queda confrontado con las preguntas últimas y aprende a escuchar a Dios lejos de las distracciones cotidianas. Por eso, el profeta Oseas lo describe como el espacio donde renace el amor y la intimidad con Dios: «la llevaré al desierto y le hablaré al corazón». Para Israel, además, el desierto concentra toda su memoria espiritual: los patriarcas nómadas, la preparación de Moisés, la experiencia del Éxodo, la manifestación del poder y la misericordia de Dios, pero también la tentación y el pecado del pueblo.

Benedicto XVI interpretó el desierto como una metáfora de la condición humana. En él se revela tanto la fragilidad del hombre como la pedagogía de Dios, que educa a su pueblo para escuchar su voz y aprender la fidelidad. 

En nuestra cultura, el desierto ha adquirido además un fuerte simbolismo de sufrimiento físico y moral: pobreza, abandono, soledad, hambre de sentido. Jesús ha descendido a esos “desiertos” para rescatarnos, y la Iglesia está llamada a seguir ese mismo camino, acompañando a la humanidad hacia la vida y la amistad con Dios.

LAS TENTACIONES. El desierto es, también, el lugar de las tentaciones. El mismo Espíritu que consagra a Jesús en el bautismo lo conduce allí para ser probado. No se trata de un episodio accidental, sino de un acontecimiento decisivo vinculado a su misión salvadora. Las tentaciones ponen a prueba su obediencia filial: si utilizará su poder en beneficio propio o si seguirá el camino de la confianza total en el Padre.

Como explicó Benedicto XVI, las tentaciones son consecuencia directa de la elección de Jesús de vivir plenamente su identidad de Hijo obediente. Frente a la propuesta de un mesianismo triunfal, Jesús responde sometiéndose a la voluntad de Dios, afirmando la prioridad absoluta de su Palabra: «no solo de pan vive el hombre». Aprende obedeciendo hasta el sufrimiento y aceptando el aparente fracaso del siervo doliente.

EL VIEJO Y EL NUEVO ADÁN. Así, Cristo vence al tentador no solo para sí, sino por nosotros. Su victoria es ya nuestra victoria. San Pablo lo expresa contraponiendo a Adán, cuya desobediencia abrió el desierto de la muerte, con Cristo, el nuevo Adán, cuya obediencia abre el camino del desierto al Paraíso. Como recuerda san Agustín, en Cristo fuimos tentados y en él también vencemos. La Cuaresma, vivida a la luz de este misterio, se convierte en un camino de esperanza y salvación.

Resumen de las páginas 216-220 de mi libro: Eduardo sanz de Miguel, "La fe celebrada. Historia, teología y espiritualidad del año litúrgico en los escritos de Benedicto XVI", Burgos 2012.

3 comentarios:

  1. El desierto, silencio, amar por necesidad sin que Dios lo exija,obedecer por fe. Rebelarse al maligno con firmeza, con la autoridad que nos da el ser hijos del PADRE.

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  2. Hay una necesidad muy grande de amar a Dios y no es porque Él lo exija, ni siquiera nos pide que lo amemos. Por eso en el "desierto" alejados de cualquier distracción nos volcamos en espíritu y en verdad. 🌻

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  3. Cuánto agradezco estar en este medio que me lleva a la constancia en las cosas de Dios.
    Fray Eduardo, le pido a Dios 😃 no deje el blog mientras le sea posible.

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