Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 14 de febrero de 2026

SAN VALENTÍN, mártir del amor fiel


Cada 14 de febrero se habla mucho de amor, flores, regalos y gestos románticos. Pero detrás de esta fecha tan popular hay una historia mucho más profunda, tejida de fe, valentía y fidelidad hasta la muerte. La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién fue realmente san Valentín?

La respuesta no es simple. Los antiguos martirologios mencionan a varios mártires con este nombre en el siglo III, y con el paso del tiempo sus historias se han entrelazado. Más que un personaje de novela romántica, san Valentín pertenece al gran coro de los cristianos que, en tiempos de persecución, dieron la vida por Cristo.

SAN VALENTÍN DE ROMA. Uno de ellos fue un sacerdote romano, enterrado en la vía Flaminia. La tradición cuenta que ayudaba a los cristianos, entre ellos a soldados, celebrando matrimonios que las leyes imperiales prohibían (los militares debían permanecer libres para poder ser enviados a cualquier lugar sin cargas familiares). En un imperio que absolutizaba el poder del Estado, afirmar que existe una ley de Dios por encima de las leyes injustas era un acto revolucionario.

Cuando se negó a dar culto a los falsos dioses, fue ejecutado. Su martirio no fue por una historia sentimental, sino por algo mucho más hondo: la fidelidad a Cristo y a la dignidad de la vocación humana, incluido el matrimonio.

SAN VALENTÍN DE TERNI. En esta ciudad del centro de Italia se venera a otro san Valentín, obispo y mártir. A su figura se han unido hermosas leyendas medievales: el obispo que regalaba flores a los jóvenes esposos, que recordaba que la belleza exterior pasa pero la virtud permanece, o que invitaba a los matrimonios en crisis a amar más allá de las “espinas”.

Estas historias, aunque adornadas por la tradición, transmiten una intuición profundamente cristiana: el amor verdadero no es solo sentimiento, sino decisión, paciencia, perdón y entrega.

Para terminar de complicar el asunto, hay cráneos, huesos y cuerpos enteros de mártires romanos de nombre Valentín, extraídos de las catacumbas y llevados a distintos lugares del mundo a lo largo de los siglos: Hamme y Gante (Bélgica), iglesia de Santa María in Cosmedin (Roma), Baga y Socuéllamos (España), Volsberg (Austria), Gemmeti (Francia), etc.

Quizá nunca sepamos con exactitud qué corresponde a cada Valentín histórico. Pero la Iglesia conservó su memoria porque vio en ellos testigos de un amor más grande. Antes de ser patronos de los enamorados, fueron mártires, es decir, hombres fieles a Cristo hasta la muerte.

En un tiempo en que el amor se reduce con facilidad a emoción pasajera, san Valentín recuerda que amar es:
- ser fiel cuando cuesta,
- obedecer a Dios antes que a la presión del ambiente,
- cuidar la vocación matrimonial como un camino santo,
- creer que el amor humano está llamado a reflejar el amor de Cristo.

Por eso, su fiesta puede ser algo más que un día comercial: puede convertirse en una invitación a purificar nuestro modo de amar.

Señor Jesús, tú que nos amaste hasta dar la vida, concédenos, por intercesión de san Valentín, un corazón fiel, capaz de amar con paciencia, de perdonar cuando hay heridas y de permanecer firmes cuando el amor exige entrega. Bendice a los esposos, a los novios y a quienes buscan amar según tu voluntad, para que su amor sea reflejo de tu amor fiel y eterno. Amén.

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