El 16 de mayo se celebra la fiesta de san Simón Stock. Las noticias más antiguas que se conservan sobre él dicen que nació en Inglaterra en el s. XIII, que fue general de la Orden carmelita y que la Virgen María le entregó el escapulario, cuando acudió a ella suplicando su protección para la familia carmelitana. Murió en Burdeos, en cuya catedral se conserva su sepulcro.
En la Edad Media, la mayoría de las personas poseían muy poca ropa. Habitualmente vestían una túnica protegida durante el trabajo por una especie de delantal amplio llamado «escapulario», porque caía desde las escápulas (los hombros), cubriendo el pecho y la espalda.
Los siervos de cada señor llevaban escapularios de colores y formas determinadas, que permitían identificarlos fácilmente. Como los carmelitas rechazaron ponerse bajo la protección de cualquier señor terreno, adoptaron un hábito y escapulario de lana sin teñir, de color pardo o grisáceo, semejante al de los pobres y desheredados. Mientras tanto, seguían confiando únicamente en la protección de María.
Según una antigua tradición carmelita, san Simón Stock, general de la Orden y profundamente devoto de la Virgen, suplicaba cada día el auxilio de María con una oración que sigue siendo uno de los himnos más queridos de la espiritualidad carmelitana:
«Flos Carmeli,
Vitis florigera,
Splendor coeli,
Virgo puerpera,
Singularis.
Mater mitis,
Sed viri nescia,
Carmelitis esto propitia,
Stella maris».
Traducido al español:
«Flor del Carmelo,
Viña florida,
Esplendor del cielo,
Virgen singular.
¡Oh Madre amable,
mujer sin mancilla!,
muéstrate propicia
con los carmelitas,
Estrella del mar».
La tradición afirma que, en 1251, la Virgen se apareció a san Simón Stock sosteniendo el escapulario en sus manos y diciéndole: «Este escapulario es signo de mi protección». A partir de entonces cesaron progresivamente muchas persecuciones y el escapulario comenzó a extenderse como signo de consagración a María y de confianza en su protección maternal.
Con el paso de los siglos se multiplicaron las tradiciones vinculadas al escapulario. La más conocida es la llamada «bula sabatina», relacionada con una visión atribuida al papa Juan XXII, según la cual la Virgen prometía asistir especialmente después de la muerte a quienes hubieran llevado devotamente el escapulario. Aunque la autenticidad histórica de este documento ha sido discutida por los estudiosos, la tradición expresó durante siglos la profunda confianza del pueblo cristiano en la intercesión maternal de María.
La interesante Edad Media... organice una peregrinación Mariana por Francia, fray Eduardo.
ResponderEliminarBurdeos, Lirey dónde permaneció la Sábana Santa de Turín y muchos más lugares de consideración para la cristiandad.
Un fraternal saludo. 🤎