El padre Fernando Millán (carmelita de la antigua observancia) tendrá una charla sobre el escapulario en la literatura y un servidor tendrá otra sobre el significado teológico y espiritual del escapulario.
A lo largo de los siglos, el escapulario del Carmen y el rosario han sido, sin duda, los signos marianos más populares y extendidos entre los fieles católicos. Ambos han acompañado la fe del pueblo cristiano en tiempos de esplendor y en épocas de prueba, en la vida cotidiana y en la hora de la muerte, en los hogares humildes y en los grandes acontecimientos de la historia.
Pero ¿qué es realmente el escapulario?, ¿cuál es su origen?, ¿qué significa hoy llevarlo?, ¿cómo debe entenderse su promesa? Para responder con hondura a estas preguntas es necesario viajar muy lejos en el tiempo y en el espacio, hasta las raíces bíblicas, espirituales y carmelitanas de esta devoción, evitando reduccionismos mágicos y redescubriendo su profundo sentido evangélico y eclesial.
Pero ¿qué es realmente el escapulario?, ¿cuál es su origen?, ¿qué significa hoy llevarlo?, ¿cómo debe entenderse su promesa? Para responder con hondura a estas preguntas es necesario viajar muy lejos en el tiempo y en el espacio, hasta las raíces bíblicas, espirituales y carmelitanas de esta devoción, evitando reduccionismos mágicos y redescubriendo su profundo sentido evangélico y eclesial.
De modo que hablaremos del profeta Elías y del Monte Carmelo, del nacimiento de la Orden en Tierra Santa en el siglo XII y de su desplazamiento a Europa el siglo siguiente, de las persecuciones iniciales, de san Simón Stock y de las tradiciones que surgieron con el paso del tiempo en torno al escapulario.
La tradición carmelita ha interpretado siempre el escapulario como un signo de consagración a María, compromiso de vida cristiana y confianza en la protección de tan tierna madre. No sustituye la conversión, pero la prepara; no dispensa del Evangelio, pero lo recuerda constantemente.

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