Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 27 de noviembre de 2025

Adviento: Las tres venidas de Jesús


En este vídeo les recuerdo en dos minutos que el Adviento es tiempo de preparación para acoger al Señor que viene a salvarnos. A continuación se lo explico con más detenimiento:

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha contemplado el misterio de Cristo a la luz de un dinamismo que recorre toda la historia de la salvación: EL SEÑOR VINO, EL SEÑOR VIENE Y EL SEÑOR VENDRÁ. Esta triple venida, profundamente arraigada en la liturgia y en la espiritualidad cristiana, expresa que Dios no es un recuerdo del pasado ni una promesa lejana, sino una presencia viva, que acompaña constantemente a su pueblo.

Las celebraciones de la Iglesia son memoriales. Esto significa que la comunidad cristiana
• recuerda acontecimientos pasados;
• anticipa la promesa de realidades futuras, y
• actualiza sacramentalmente lo que celebra, haciéndolo presente y eficaz.

De este modo, al meditar en la venida pasada de Cristo y al prepararse para su venida futura, el creyente aprende a reconocer su venida presente, silenciosa pero real, ofrecida en cada acontecimiento de la vida. Quien lo acoge con fe experimenta la salvación; quien lo rechaza deja pasar la gracia.

Durante el Adviento, la Iglesia dirige primero su mirada al pasado. Recuerda las esperanzas de Israel, las promesas de los profetas y su cumplimiento en la Encarnación. Hace más de dos mil años, el Hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres pudieran llegar a ser hijos de Dios. Por eso, hoy “no es necesario subir al cielo o bajar al abismo” para encontrar a Dios, como recuerda san Pablo (cf. Rom 10,6-7): Cristo ya ha venido y permanece entre nosotros.

Esta VENIDA PASADA es el fundamento del culto cristiano. Porque Dios se ha manifestado visiblemente en la carne, ha brotado la redención y ha nacido la Iglesia. Y porque esa venida se reactualiza continuamente en las celebraciones, la liturgia alimenta la vida de los creyentes y los introduce en la dinámica viva de la salvación.

Pero el Adviento es también tiempo de esperanza en la VENIDA FUTURA. La Iglesia contempla la manifestación gloriosa de Cristo al final de los tiempos y la nueva Jerusalén que descenderá del cielo. Cuando él aparezca como Señor de la historia, llevará su obra a plenitud y abrirá para la humanidad el verdadero paraíso, del que el Edén era solo una figura profética. La liturgia anticipa esta promesa y permite al cristiano pregustar, ya en la tierra, la vida eterna.

Entre estas dos venidas se sitúa la VENIDA PRESENTE, actualizada en cada celebración y en cada circunstancia cotidiana. Es la venida que fácilmente puede pasar inadvertida porque no es visible: solo quienes viven en vigilancia descubren al Señor que se hace presente en lo concreto de sus vidas. Es la venida humilde de un Dios que camina a nuestro lado y convierte cada día en una oportunidad de gracia.

Por eso la Escritura llama a Cristo “el que es, el que era y el que viene” (Ap 1,8). Y por eso puede decirse que el cristianismo no solo celebra el Adviento, sino que vive del Adviento, porque toda la existencia cristiana es respuesta a un Dios que viene continuamente a nuestro encuentro. Así entendido, el Adviento no es una simple preparación para la Navidad, sino una clave para comprender la vida cristiana en su totalidad: Dios vino, Dios vendrá y Dios viene siempre para salvarnos.

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