Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 24 de enero de 2026

SAN FRANCISCO DE SALES Y SANTA TERESA DE JESÚS


San Francisco de Sales (1567-1622) cursó estudios de derecho y Tteología en París y Padua, y fue más tarde obispo de Ginebra, sede marcada por la tensión confesional tras la Reforma protestante. Pastor incansable, destacó por su cercanía a los pobres, su firmeza doctrinal y su extraordinaria mansedumbre. 

Alegre, paciente y profundamente optimista en la gracia, fundó junto a santa Juana Francisca de Chantal la Orden de la Visitación y dejó una obra escrita de enorme influencia espiritual: "Introducción a la vida devota", "Tratado del amor de Dios", "Conferencias espirituales", etc. Por la claridad, finura y respeto con que supo comunicar la fe, la Iglesia lo proclamó patrono de los periodistas y escritores católicos.

San Francisco de Sales profesó una profunda admiración por santa Teresa de Jesús, a quien consideraba a la vez hermana y maestra en la vida espiritual. Aunque no llegaron a coincidir cronológicamente, el llamado “doctor de la caridad” se convirtió en uno de los herederos más lúcidos y fecundos del Carmelo teresiano en Francia. 

Esta filiación espiritual se concretó históricamente cuando, en 1604, las primeras carmelitas descalzas (encabezadas por la beata Ana de Jesús y la beata Ana de San Bartolomé, compañeras íntimas de la santa) cruzaron los Pirineos para fundar en París. Francisco de Sales, entonces presente en la capital francesa por motivos diplomáticos y apostólicos, frecuentó el locutorio del Carmen y entabló con ellas una amistad decisiva para su propio itinerario interior.

Para el obispo de Ginebra, Teresa no era solo una autora eminente, sino su “bienaventurada Madre”: una autoridad espiritual que le ayudó a comprender y expresar el misterio del amor puro. A través del trato con las discípulas directas de la santa, confirmó esa fina psicología mística que más tarde articularía con admirable equilibrio en el "Tratado del amor de Dios". En Teresa descubrió una experiencia de Dios profundamente encarnada, donde la gracia no anula la naturaleza, sino que la eleva y la pacifica.

Francisco veía en la mística teresiana una “santa libertad” y un amor concreto, vivido en lo cotidiano, que deseaba trasplantar al mundo laico. De ahí que, al concebir la Orden de la Visitación, tomara como referencia la autenticidad evangélica del Carmelo descalzo, adaptando sus exigencias para que la llamada a la santidad (la “vida devota”) fuera accesible a toda alma, en cualquier estado de vida.

La huella de Teresa en Francisco de Sales se manifiesta especialmente en esa capacidad de vivir una unión altísima con Dios sin desentenderse de los asuntos ordinarios, tal como la santa había enseñado con su célebre realismo espiritual: el Señor camina con nosotros también “entre los pucheros”. En ella reconocía Francisco esa autoridad que el Espíritu Santo concede a los verdaderamente humildes, y no dudó en invocarla tanto como modelo luminoso cuanto como intercesora eficaz ante Dios.

Oración. Gloriosa santa Teresa, amadísima madre de las almas espirituales, tú que recibiste del Señor tanta luz para enseñar el camino del amor perfecto, alcanza para nosotros un corazón humilde y dócil, libre de todo apego, para que, amando a Dios sobre todas las cosas, vivamos plenamente abandonados a su divina voluntad. Ruega por nosotros, para que aprendamos a servir al Señor con alegría, en la paz del alma y en la fidelidad de cada día. Amén.

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