Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 20 de enero de 2026

BEATO ÁNGEL PAOLI, o. carm. (20 de enero)


El beato Ángel Paoli nació en Argigliano (Italia) en 1642, en el seno de una familia humilde. A los 18 años ingresó en la Orden del Carmen, iniciando un camino de formación intelectual y espiritual en Siena, Pisa y Florencia, ciudades marcadas por una intensa vida cultural y religiosa. Desde joven destacó por su equilibrio humano, su inteligencia práctica y una profunda sensibilidad evangélica hacia los más frágiles.

A lo largo de su vida religiosa desempeñó numerosos servicios: maestro de novicios, enfermero, párroco, profesor de gramática, ecónomo, organista y sacristán. En todos ellos brilló por una caridad concreta, cercana y creativa. No concebía la vida religiosa separada del servicio efectivo al prójimo. 

En Siena, donde se volcó especialmente en el cuidado de los pobres y enfermos, el pueblo comenzó a llamarlo espontáneamente “el padre caridad”.

Su celo apostólico lo llevaba con frecuencia fuera de las ciudades, recorriendo montes y caminos para encontrar a pastores y campesinos, a quienes catequizaba con sencillez, atendía en sus necesidades materiales y curaba en sus heridas corporales y espirituales. 

No dudaba en mendigar en las ciudades para llevar alimentos y medicinas a los más necesitados de las zonas rurales, viviendo en carne propia la pobreza evangélica.

Llamado a Roma como maestro de novicios, pasó allí los últimos treinta y dos años de su vida. En la "Ciudad eterna" desplegó una actividad incansable: atendió hospitales, visitó cárceles, acompañó a los descartados y fundó un hospicio para convalecientes pobres. Por esta entrega total fue conocido como el “padre de los pobres”, y resumía su espiritualidad con una frase que condensa su vida entera: «Quien ama a Dios debe buscarlo entre los pobres».

Dotado de una sensibilidad sorprendentemente moderna, afirmaba que la alegría favorece la curación. Por ello llevaba a los hospitales músicos, actores e ilusionistas, convencido de que el cuidado integral del enfermo incluía el consuelo del alma y el alivio del corazón.

Gozó de gran estima entre los papas de su tiempo, especialmente Inocencio XII y Clemente XI, así como entre nobles y prelados, que apoyaron generosamente sus iniciativas. Ambos pontífices quisieron hacerlo cardenal, pero Ángel Paoli rechazó el honor en dos ocasiones, afirmando con sencillez que ello le impediría dedicarse a los pobres, a quienes consideraba su verdadero tesoro.

Entre sus iniciativas más significativas destaca su intervención en el Coliseo de Roma, entonces abandonado y expoliado. Convenció al papa para protegerlo, restaurarlo y consagrarlo como lugar de memoria de los mártires cristianos. Colocó tres cruces en el centro de la arena e inició allí la costumbre de rezar el Vía Crucis, tradición que los papas mantienen cada Viernes Santo.

Falleció en Roma el 20 de enero de 1720, y fue sepultado en la iglesia conventual de "San Martino ai Monti", donde había vivido y servido. Sus restos reposan allí hasta hoy. 

Fue beatificado en 2010, como testigo luminoso de una caridad evangélica profundamente encarnada y fiel al espíritu del Carmelo.

Señor Dios, que en el beato Ángel Paoli nos diste un testigo humilde y audaz de tu amor, enséñanos a buscarte allí donde tú has querido habitar: en los pobres, los enfermos y los olvidados. Concédenos un corazón libre de honores, capaz de servir sin buscar reconocimiento, y una caridad creativa que sane, consuele y alegre. Que, siguiendo su ejemplo, sepamos unir la contemplación y la misericordia, la oración silenciosa y el compromiso concreto, para que tu amor sea visible en medio del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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