Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 15 de enero de 2026

EL DOMINGO: Biblia, historia, teología, liturgia


El domingo hunde sus raíces en la antigua organización del tiempo en semanas de siete días, vinculada al ritmo lunar. A lo largo de la historia, algunos gobiernos anticristianos han intentado suprimirlo o sustituirlo, sin éxito. Aunque la sociedad contemporánea ha diluido su singularidad, la Iglesia sigue afirmando su centralidad como “fiesta primordial”, vinculada al misterio pascual, cuyo sentido solo se entiende plenamente a la luz del sábado bíblico.

EL SÁBADO JUDÍO, MEMORIA DE LA CREACIÓN. El sábado nace como memorial de la creación: Dios descansa el séptimo día y llama al hombre a detener su trabajo para reconocer que todo procede de él. El descanso sabático enseña que el ser humano es colaborador, no creador ni dueño absoluto, y que el trabajo solo tiene sentido dentro de la alianza con Dios, fuente de toda bendición.

EL SÁBADO JUDÍO, MEMORIA DE LA LIBERACIÓN. Más tarde, Israel interpretó el sábado como memoria de la liberación de Egipto. El descanso semanal recuerda que la libertad vale más que los bienes y previene nuevas esclavitudes. Además, exige respetar la dignidad de todos, evitando reproducir la opresión sufrida.

EL SÁBADO JUDÍO, PROMESA DE VIDA ETERNA. El sábado apunta al descanso definitivo en Dios. Es anticipo del fin del sufrimiento y de la comunión plena con él. Aunque llegó a vivirse de modo legalista, Jesús devolvió al sábado su sentido original: un don para el hombre, orientado a la vida y la libertad.

PASO DEL SÁBADO AL DOMINGO. La comunidad cristiana reconoció en el domingo el cumplimiento del sábado. No lo vivió como oposición, sino como plenitud: en Cristo resucitado se realizan la creación, la libertad y la esperanza escatológica que el sábado anunciaba.

EL DÍA PRIMERO. El domingo es el “día primero”, vinculado a la creación de la luz y, para los cristianos, a la resurrección. En él se unen la creación inicial y la nueva creación inaugurada por Cristo, nuevo Adán, cuya Pascua da sentido definitivo a la historia.

EL DÍA OCTAVO. Muy pronto, el domingo fue llamado “día octavo”, símbolo de la novedad radical de la resurrección y anticipo del mundo futuro. Es el día que abre un tiempo nuevo y señala la esperanza de la vida eterna ya comenzada en Cristo.

EL DÍA DEL SEÑOR. El domingo asumió el nombre bíblico de “día del Señor”, asociado al juicio y a la salvación final. Para los cristianos, este día es memorial del Resucitado y pregustación del encuentro definitivo con él, vivido especialmente en la eucaristía.

DOMINGO Y EUCARISTÍA. Desde los orígenes, la eucaristía dominical fue el centro de la vida cristiana. En ella la comunidad se reúne para escuchar la Palabra, partir el Pan y construir el Cuerpo de Cristo, fuente de unidad y caridad.

VIVIR SEGÚN EL DOMINGO significa dejar que la eucaristía transforme la vida cotidiana. El domingo se convierte, así, en modelo de existencia cristiana, marcada por la entrega, la libertad y el amor concreto al prójimo.

EL DOMINGO EN LA HISTORIA. Con el tiempo, el domingo se identificó más con el descanso que con la eucaristía. El concilio Vaticano II recuperó su sentido original como Pascua semanal, día de alegría, culto y liberación del trabajo.

EL DOMINGO, HOY. La Iglesia vuelve a proponer el domingo como encuentro con Cristo resucitado y fuente de esperanza, en un contexto secularizado. Una catequesis renovada es necesaria para redescubrir su valor como corazón del tiempo cristiano y de la vida de fe.

Resumen de las páginas 337-359 de mi libro "La fe celebrada. Historia, teología y espiritualidad del año litúrgico en los escritos de Benedicto XVI", Burgos 2012.

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