En Emaús, la tradición cristiana recuerda uno de los encuentros más delicados de Cristo resucitado. Según el evangelio de Lucas (Lc 24,13-35), dos discípulos abandonaban Jerusalén con el corazón abatido después de la crucifixión. Caminaban hacia una pequeña aldea llamada Emaús cuando un desconocido se unió a ellos en el camino. Solo al partir el pan reconocieron que aquel peregrino era el Señor resucitado.
Por eso, Emaús ha llegado a convertirse en un símbolo espiritual del camino cristiano. Los discípulos huyen de Jerusalén decepcionados, pero el Resucitado camina con ellos sin ser reconocido. Les explica las Escrituras y, finalmente, se deja reconocer “al partir el pan”.
De este modo, el camino de Emaús resume la experiencia fundamental de la Iglesia: Cristo se hace compañero de viaje del hombre, ilumina su historia y se revela en la eucaristía.
Desde los primeros siglos, los cristianos intentaron identificar con precisión el lugar de ese episodio. Eusebio de Cesarea y Jerónimo de Estridón identificaron el Emaús evangélico con la antigua ciudad de Emaús-Nicópolis. Allí existía ya entonces una iglesia que, según la tradición, se levantaba sobre la casa de Cleofás, uno de los discípulos del relato evangélico. Con el paso de los siglos, la población quedó abandonada y enterrada bajo una capa de tierra y polvo.
En la Edad Media, los cruzados identificaron Emaús con la aldea de AL‑QUBEIBEH, en la actual Cisjordania, a unos 60 estadios de Jerusalén, aproximadamente 11 km. Allí construyeron una iglesia y un pequeño santuario, cuyas ruinas aún se conservan. En el siglo XIX el lugar fue adquirido por una benefactora europea y entregado a los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, que edificaron un convento y una iglesia para acoger a los peregrinos. Las excavaciones realizadas en el entorno han sacado a la luz estructuras medievales relacionadas con el periodo cruzado.
Poco después, se redescubrió la antigua EMAÚS-NICÓPOLIS gracias a la intuición espiritual de santa Mariam de Jesús Crucificado, carmelita palestina nacida en Galilea y fundadora del Carmelo de Belén. En 1878, mientras viajaba hacia Nazaret para fundar un nuevo monasterio, al pasar cerca de la antigua aldea árabe de Imwas experimentó una fuerte convicción interior de que aquel era el verdadero lugar evangélico. Convenció entonces a algunos amigos para adquirir los terrenos y confiarlos a las carmelitas. Los estudiosos no se fiaron de ella, porque el lugar se encuentra a unos 160 estadios, unos 30 km.
Pero, cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas, la intuición de la santa encontró un notable respaldo histórico. Los trabajos iniciados a finales del siglo XIX y continuados durante el siglo XX descubrieron una impresionante estratigrafía que abarca varios periodos históricos. Entre los hallazgos más significativos destacan:
- Fortificaciones de época asmonea y restos relacionados con la revuelta judía.
- Tumbas judías del siglo I, contemporáneas al tiempo de Jesús.
- Baños romanos y diversas instalaciones hidráulicas; prensas de aceite y viviendas de época romana.
- Restos de dos grandes basílicas bizantinas (siglos IV-VI); un baptisterio y mosaicos policromados;
- Los muros de una iglesia cruzada del siglo XII construida sobre el santuario bizantino.
También han aparecido numerosas inscripciones en hebreo, griego, latín y samaritano, lo que revela la diversidad cultural y religiosa de la antigua ciudad.
Tanto las fuentes escritas como las arqueológicas indican que, durante la época bizantina, Emaús-Nicópolis se convirtió en un importante centro cristiano y sede episcopal.
Las basílicas paleocristianas fueron destruidas durante las invasiones persas y árabes del siglo VII, reconstruidas parcialmente por los cruzados y finalmente abandonadas durante siglos, hasta su redescubrimiento en la época moderna.
En 1930 se estableció allí una comunidad de frailes de Betaram. Desde 1993 la Comunidad de las bienaventuranzas atiende el lugar. Cerca se encuentra el monasterio cisterciense de Latrún, famoso por su producción de vino, aceite y cereales en los campos de la abadía. Los monjes tienen una pequeña tienda, en la que comercializan sus productos. La iglesia del monasterio impresiona por su bella arquitectura desnuda, limpia de otros adornos.
En tiempos más recientes, algunos historiadores han identificado Emaús con ABU GHOSH, a unos 12 km. de Jerusalén, en la antigua ruta hacia la llanura costera. Las excavaciones han sacado a la luz restos de una fortaleza romana que controlaba el paso estratégico hacia Jerusalén; estructuras bizantinas y numerosos restos medievales para acoger a los peregrinos que se dirigían a Jerusalén, aunque ninguna inscripción que confirme la hipótesis de que estamos en la ciudad nombrada por el evangelio. Desde al año 1900 hay allí una abadía benedictina.
En los últimos años, algunos arqueólogos han propuesto un cuarto candidato para identificar el Emaús del relato de evangelio de Lucas: el área de MOTZA, situada a unos 6 kilómetros al oeste de Jerusalén. Excavaciones realizadas entre 2001 y 2003 han sacado a la luz restos de un asentamiento antiguo, aunque no han aparecido restos de edificios cristianos antiguos que apoyen esta hipótesis.
Cartel en la entrada del área arqueológica de Emaús-Nicópolis.
Capilla para la oración de la comunidad de las bienaventuranzas.
Tumbas judías del siglo I excavadas en la roca, con una puerta sobre la que se hacía rodar una piedra, para sellarlas.
Basílica bizantina del siglo VI con elementos del siglo IV y añadidos y transformaciones de los siglos posteriores.
En un rincón de las ruinas de la basílica hay un icono de Jesucristo y los discípulos de Emaús.
Entrada al convento, que conserva un museo con restos arqueológicos encontrados en las excavaciones.
Mosaicos paleocristianos del siglo IV.
Baptisterio paleocristiano con pila en forma de cruz, a la que descendían los candidatos. Los hay similares en muchas basílicas de los siglos IV y V, como en Kelibia y Sbeitla (Túnez), Tipassa (Argelia), Agia Trias (Chipre), Éfeso (Turquía), Agliati (Italia), etc.











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