Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 4 de abril de 2026

HISTORIA Y CELEBRACIONES DEL SÁBADO SANTO


HISTORIA. Desde los primeros siglos, el Sábado Santo fue vivido como un día de ayuno y silencio “por la ausencia del Esposo”. Cuando el bautismo de adultos comenzó a celebrarse en la Vigilia pascual (siglo IV), la mañana del sábado se dedicaba a la preparación final de los catecúmenos. Los ritos incluían exorcismos, el gesto del effetá, la unción prebautismal, la renuncia a Satanás y la confesión de la fe. Estos ritos desaparecieron cuando el bautismo de adultos dejó de ser habitual (siglo VI), aunque el Ritual de iniciación cristiana de adultos los ha recuperado en la actualidad. 

Con el paso del tiempo, la Vigilia pascual se fue adelantando hasta celebrarse en la mañana del sábado, lo que provocó ciertas paradojas: los textos seguían hablando de la noche mientras la Cuaresma concluía al mediodía. En ese momento se hacían sonar las campanas y se proclamaban los “aleluyas”. 

La reforma litúrgica iniciada por Pío XII y culminada tras el Concilio Vaticano II restituyó el sentido original del día: un tiempo de silencio y espera junto al sepulcro del Señor, dedicado a la oración, la meditación y la preparación espiritual para la Pascua.

EL DESCENSO DE CRISTO A LOS INFIERNOS. La fe cristiana contempla ese misterio. Según la tradición bíblica, Jesús descendió al lugar de los muertos para compartir plenamente el destino humano y anunciar la salvación a quienes habían vivido antes de su venida. De este modo se afirma tanto el realismo de su muerte como el alcance universal de la redención. La tradición oriental ha expresado este misterio mediante el icono de Cristo que rompe las puertas del Hades y toma de la mano a Adán y Eva para sacarlos de la muerte. Esta imagen simboliza que el amor de Cristo es más fuerte que la muerte y que ninguna oscuridad humana queda fuera del alcance de su salvación. Incluso en el silencio del Sábado Santo resuena la esperanza: el Hijo de Dios ha descendido a la profundidad del sufrimiento y de la soledad humana para iluminarla desde dentro.

LA HORA DE MARÍA. Mientras el Viernes Santo es la hora de Cristo, el Sábado Santo es el día en que la fe de la Iglesia permanece recogida en el corazón de la Madre. María aparece como figura de la Iglesia, que vela junto al sepulcro de su Señor, manteniendo la esperanza incluso en medio de la oscuridad. En ella se concentra la confianza de los discípulos que aguardan la resurrección. Por eso muchas comunidades viven este día contemplando a la Virgen que, aun sin comprender plenamente el misterio, permanece fiel y confiada en la promesa de Dios.

Resumen de las páginas 292-297 de mi libro Eduardo Sanz de Miguel, "La fe celebrada. Historia, teología y espiritualidad del año litúrgico en los escritos de Benedicto XVI". Editorial Monte Carmelo, Burgos 2012.

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