Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 31 de mayo de 2026

COMENTARIO A LA ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD de santa Isabel de la Trinidad


Santa Isabel de la Trinidad compuso en 1904 su célebre «Elevación a la Santísima Trinidad», uno de los textos más profundos de la espiritualidad carmelitana. En ella expresa su deseo de vivir totalmente unida al Dios trinitario, dejándose transformar por su amor y haciendo de toda su existencia una continua adoración.

La oración comienza con una INVOCACIÓN A LA TRINIDAD eterna e inmutable. Isabel pide olvidarse de sí misma para establecerse plenamente en Dios, viviendo ya en la tierra una anticipación del cielo. Desea que nada perturbe su paz y que cada instante la introduzca más profundamente en el misterio divino. Suplica que su alma se convierta en morada de Dios y permanezca siempre recogida en adoración y entrega.

A continuación SE DIRIGE A JESUCRISTO, el Verbo encarnado y crucificado por amor. Este es el núcleo más amplio y más intenso de la oración. Isabel expresa su deseo de amar a Cristo hasta el extremo, pero reconoce su propia debilidad y pide que sea él quien viva en ella. Quiere ser revestida de Cristo, compartir sus sentimientos y dejar que toda su vida sea irradiación de la vida de Jesús. También desea escuchar constantemente su palabra y permanecer bajo su luz, incluso en medio de las noches interiores y de la impotencia humana.

Después ORA AL ESPÍRITU SANTO, al que llama «Fuego devorador» y «Espíritu de amor». Le pide que realice en ella una especie de prolongación de la encarnación, de modo que Cristo pueda renovar en su vida todo su misterio. Isabel intuye así que cada creyente está llamado a convertirse en presencia viva de Dios en medio del mundo.

La oración continúa PIDIENDO AL PADRE que la cubra con su sombra, como hizo con María en la encarnación. Suplica que el Padre no vea en ella sino a su Hijo amado, reflejado plenamente en su existencia.

Finalmente CONCLUYE ENTREGÁNDOSE A LA TRINIDAD, a la que llama «mis Tres, mi todo, mi eterna bienaventuranza». Desea perderse en la inmensidad divina y vivir escondida en Dios hasta contemplarlo cara a cara en la eternidad.

Una carta escrita pocos días después confirma estas intuiciones espirituales. En ella, Isabel afirma que el sueño de su alma consiste en ser «una humanidad suplementaria» en la que Cristo prolongue su presencia y su obra salvadora. Toda su espiritualidad se resume en el deseo de dejar que Dios habite plenamente en ella y transforme su vida en amor, adoración y entrega.

El Señor, en su misericordia, abra nuestros corazones a este mensaje y nos conceda vivir una existencia llena de gracia y de paz. Amén.

Resumen de las páginas 109-114 de mi libro: Eduardo Sanz de Miguel, Santa Isabel de la Trinidad, vida y mensaje. Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2016.

2 comentarios:

  1. Amén 🌿
    No tengo aún el gran fervor de la santidad pero tengo gustos en los que Jesús me apoya como estar de Turismo en una Gran ciudad y tener a dos calles del hotel un templo dedicado a la Santísima Trinidad.

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