Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 28 de agosto de 2026

QUIEN QUIERA SER MI DISCÍPULO QUE CARGUE CON SU CRUZ. Domingo 22 del Tiempo Ordinario, ciclo "a"


El domingo pasado escuchamos la alabanza de Jesús a Pedro, que lo reconoció como mesías: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo». 

A continuación, Jesús explicó qué tipo de mesías era él. No uno que viene para reinar en nombre de Dios (como David) y mucho menos uno que se dedica a imponer con las armas el reino de Dios a los demás (como los Macabeos en el Antiguo Testamento o los cruzados mucho más tarde). Él viene para servir y dar la vida por los pecadores.

A sus discípulos nos invita a recorrer el mismo camino: el de la propuesta pacífica del reino de Dios, el del respeto hacia el que piensa distinto, el de la paciencia con los demás y con nosotros mismos, el del servicio hasta el final (no solo a los amigos y parientes,  a todos, también a los enemigos).

Esto no es sencillo, sino todo lo contrario, por eso Jesús nos invita a abrazar la cruz y a caminar tras de él. Nosotros queremos cantar con san Juan de la Cruz:

A zaga de tu huella
las jóvenes discurren el camino,
al toque de centella, 
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.

Para el santo carmelita, la cruz no es un peso muerto que arrastramos con estoicismo, sino el báculo del amor, que nos sostiene en la fatiga. Las “jóvenes” que siguen su huella no son ingenuas ni temerarias; son aquellas almas que, al toque de la centella del Espíritu, descubren que perder la vida por Cristo es la única manera de ganarla para siempre. Así, la exigencia de cargar la cruz se convierte en la más profunda de las libertades: andar tras él no es resignación, sino seguimiento apasionado, y el “bálsamo divino” que emana de sus pasos no anula el dolor, pero lo impregna de una paz que el mundo no entiende, esa misma paz que nace de saber que, en el servicio y en la entrega, ya estamos resucitando con él.

2 comentarios:

  1. Seguire Gesù richiede coraggio quotidiano del no a se stessi per il sì a Lui. Facciamo tutto per amore anche le piccole cose

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  2. Así es, Padre Eduardo. DIOS le bendiga siempre.

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