domingo, 12 de abril de 2020
Material sobre la Pascua (Biblia, teología y espiritualidad)
Teólogos, liturgistas e historiadores afirman unánimemente que «el acontecimiento pascual constituye el núcleo esencial de toda la vida cristiana». De hecho, el primer anuncio cristiano testimoniaba que Jesús ha sido constituido salvador universal precisamente por su muerte y resurrección: «A Jesús el Nazareno […], lo matasteis […], pero Dios lo resucitó [... y] lo ha constituido Señor y mesías» (Hch 2,22-36).
La muerte, resurrección y glorificación de Cristo constituyen el «misterio pascual», entendido siempre en relación con nosotros, según el conocido texto de san Pablo: «entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación» (Rom 4,25). Obviamente, no agota todo el misterio de Cristo, pero es su núcleo que, por un lado, resume e interpreta la historia de Jesús y, por otro, fundamenta y anticipa la vida de gracia de la Iglesia y de cada cristiano.
Los años pasados hemos dedicados muchas entradas del blog a hablar de la Pascua: historia, teología, liturgia, música, manifestaciones artísticas, etc. Les recuerdo algunas que pueden ayudarnos a vivir este tiempo con mayor conciencia. Para leerlas, basta con hacer un click sobre el título y se abrirá en una ventana nueva.
Hagadá de Pesaj (cena pascual hebrea). En cada cena pascual, Israel reafirma su propia identidad como pueblo de la alianza, creado por Dios para ser testigo ante el mundo de su poder y de su misericordia.
La Vigilia Pascual (notas litúrgicas). Es la gran fiesta de los cristianos, que inaugura las celebraciones de la Resurrección del Señor.
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza (secuencia del día de Pascua). La secuencia pascual, compuesta en latín hace unos mil años, es uno de los himnos más bellos y profundos de la liturgia. No es solo un poema que recuerda la resurrección de Cristo. Cuando la Iglesia lo canta en las fiestas de Pascua, el misterio que proclama se hace presente. La liturgia no se limita a hablar de la Pascua: nos introduce en ella.
Resucitó según las Escrituras (clase de Biblia). Cuando el antiguo credo cristiano afirma que Cristo «resucitó según las Escrituras», no se limita a ofrecer una referencia piadosa al Antiguo Testamento. Está expresando algo mucho más profundo: que la resurrección de Jesús no es un acontecimiento aislado ni un hecho sorprendente que irrumpe sin contexto en la historia, sino la culminación de una historia de salvación, de una trama de sentido que atraviesa toda la revelación bíblica.
Las mujeres en la Pascua (reflexión bíblica). «Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús…» (Mc 16,1-8). Estamos ante la historia de unas mujeres que buscan el cuerpo muerto de Jesús, para ungirlo con perfumes y llorar por su triste final. El viernes sucedió todo tan rápido que no tuvieron tiempo suficiente para preparar el cadáver con las últimas muestras de afecto que recomienda la tradición judía...
La historicidad de la resurrección (reflexión teológica). Nuestro lenguaje es insuficiente para explicar el misterio de la resurrección de Cristo, por eso intentamos contarlo con símbolos y poesías. Pero eso no quita para que la resurrección sea es un hecho histórico (en el sentido de que verdaderamente ha sucedido en la historia), real, testimoniado y documentado.
La Octava de Pascua (historia y liturgia). La Iglesia no se conforma con celebrar la Pascua en un solo día. La resurrección de Cristo es un acontecimiento demasiado grande para quedar encerrado en veinticuatro horas. Por eso, desde el domingo de Pascua hasta el domingo siguiente, la liturgia prolonga la fiesta durante ocho días que se viven como si fueran un único y gran domingo: la Octava de Pascua. Es como si la Iglesia quisiera enseñarnos a detenernos, a saborear con calma la alegría que irrumpe en la historia con el Resucitado.
La cincuentena pascual (historia y liturgia). Durante los primeros siglos del cristianismo, al mismo tiempo que se fue configurando un tiempo de preparación para la Pascua (la Cuaresma), surgió una prolongación de la misma en un periodo de alegría, que duraba 50 días y fue llamado Pentecostés, ya testimoniado por algunos textos del siglo II, que prohíben arrodillarse en esos días, así como autores del siglo III, como Tertuliano († c. 220) y Orígenes († 254). Veamos la historia y el contenido de este periodo de tiempo.
Razones para la esperanza (fotos de mujeres que dan testimonio de la presencia de Cristo resucitado entre nosotros). Mientras haya personas como estas, que consagran su vida a aliviar los sufrimientos de los necesitados, podremos seguir esperando. Ellas siguen siendo los testigos de que Cristo está vivo en medio de nosotros.
Resucitaremos con Cristo (reflexión pascual en tono poético). Somos capaces de explorar el universo, pero seguimos sin encontrar la medicina definitiva contra la muerte. Quizá porque la verdadera frontera no es biológica, sino existencial. Lo que hoy anuncia la Iglesia no es un nuevo tratamiento antiarrugas, sino una noticia que transforma nuestra búsqueda más profunda: la eternidad que tanto anhelamos no consiste en alargar indefinidamente la vida del cuerpo, sino en entrar en un amor tan pleno que, precisamente por ser total, resulta ya indestructible.
La Pascua en las bellas artes (enlaces a entradas de pintura, poesía y música). El misterio de esta fiesta desborda nuestras palabras, por lo que solo las bellas artes pueden hacernos intuir algo de su grandeza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario