domingo, 8 de febrero de 2026

SANTA JOSEFINA BAKHITA


Santa Josefina Bakhita es una de esas figuras en las que el dolor humano y la gracia de Dios se entrelazan de un modo tan profundo que su vida entera se convierte en mensaje. 

Nació en Sudán, hacia 1869, en una familia acomodada (su padre era hermano del jefe del poblado) y recordaba su infancia como un tiempo luminoso: «Viví una vida muy feliz y despreocupada, sin saber qué era el sufrimiento». 

Aquella serenidad se quebró pronto. Cuando tenía entre cinco y siete años, una hermana suya fue secuestrada por tratantes de esclavos árabes. El llanto de su madre quedó grabado en su memoria: el mal había entrado en su hogar.

Poco después, también ella fue raptada. La escena que narra en su autobiografía tiene la crudeza de lo irreversible: la amenaza con un cuchillo, el miedo paralizante, el arranque violento de su mundo. 

Comenzaron entonces doce años de esclavitud en los que pasó por cinco amos. Los cuatro primeros la humillaron y maltrataron con brutalidad. Las cicatrices más terribles fueron las 114 incisiones que le grabaron en el cuerpo y rellenaron con sal, un tormento que la llevó al límite de la resistencia: «Sentía que iba a morir en cualquier momento».

Sin embargo, en medio de la noche más oscura, la Providencia abrió un camino inesperado. Su quinto amo fue un italiano que la llevó a Italia y la confió a una familia donde trabajó como niñera. Por primera vez experimentó un trato humano: «No me maltrataba ni humillaba… podía incluso sentirme en paz». 

Esa paz exterior preparaba otra más honda. En 1888, al quedar al cuidado de las hermanas canosianas, encontró el rostro de Aquel a quien ya intuía desde niña: «Me introdujeron a Dios, a quien desde mi más tierna infancia había sentido en mi corazón sin saber quién era».

En 1890 recibió el bautismo, la primera comunión y la confirmación. Años después, a los 38, profesó como religiosa canosiana. Su experiencia espiritual se resume en una certeza que desarma todo fatalismo: «Yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso, mi vida es hermosa». No negaba el pasado; lo veía transfigurado.

Vivió casi toda su vida en Schio, cerca de Venecia, ocupada en tareas sencillas: cocinera, sacristana, portera. Desde esa humildad, su historia se convirtió en testimonio público contra la esclavitud y en llamada a la misión. Su mensaje no fue de odio, sino de perdón radical: llegó a decir que besaría las manos de sus secuestradores, porque a través de aquel horror había encontrado a Cristo.

Murió el 8 de febrero de 1947 y fue canonizada en el año 2000. Esta santa proclama que ninguna cadena es más fuerte que el amor de Dios y que la dignidad humana puede renacer incluso sobre las cicatrices.

El 8 de febrero, día en que murió santa Josefina Bakhita y se celebra su fiesta, es también el «día internacional de oración y conciencia contra la trata de personas».

Santa Josefina Bakhita, cuando eras niña fuiste vendida como esclava y tuviste que pasar indecibles dificultades y sufrimientos. Una vez liberada de tu esclavitud física, hallaste la verdadera redención en tu encuentro con Cristo y su Iglesia. Ayuda a todos aquellos que están atrapados en distintas formas de esclavitud, intercede por ellos ante Dios, para que sean liberados de su cautiverio. Brinda alivio a los supervivientes de la esclavitud y permite que ellos te vean como modelo de fe y esperanza. Ayúdales a encontrar la sanación de sus heridas. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario