sábado, 27 de junio de 2026

SEAMOS ACOGEDORES. Domingo 13 del Tiempo Ordinario, ciclo "a"


El domingo 13 del Tiempo Ordinario, ciclo "a", 
se proclaman en la misa unas lecturas que giran en torno a dos grandes temas: la vida nueva que brota del bautismo y la acogida generosa a los demás.

La primera lectura narra la hospitalidad de un matrimonio de Sunem con el profeta Eliseo y su criado cada vez que pasaban por la ciudad. Dios premió aquella generosidad concediéndoles un hijo, aunque ya eran ancianos (2 Re 4,8-16).

El salmo responsorial (Sal 88) pone en nuestros labios esta respuesta: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor».

En la segunda lectura, san Pablo recuerda que, por el bautismo, hemos sido incorporados a la muerte y resurrección de Cristo. Por eso, el cristiano no puede vivir de cualquier manera: está llamado a morir al pecado y a caminar en una vida nueva (Rom 6,3-11).

Finalmente, el evangelio (Mt 10,37-42) recoge unas palabras de Jesús sobre la acogida: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al que me ha enviado». Acoger al discípulo, al profeta, al justo, e incluso ofrecer un simple vaso de agua al pequeño, no es un gesto insignificante: es abrir la puerta al mismo Dios.

Ahí se encuentra el hilo que une las lecturas de este domingo. La vida nueva de los bautizados no consiste en ideas piadosas ni en sentimientos vagos, sino en una manera concreta de vivir: hacer sitio al otro, salir de uno mismo, aprender a recibir, acompañar y servir. El cristiano no vive encerrado en sus gustos, simpatías o intereses, sino con el corazón abierto.

Por eso, la acogida evangélica no se limita a recibir bien a quienes nos resultan agradables. Estamos llamados a amar, servir y respetar a todos, también a los difíciles, a los distintos, a los que no pensaríamos invitar a nuestra mesa. Solo así nos parecemos de verdad a Dios, que «hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos».

En un mundo marcado por el individualismo, la prisa y la dificultad para establecer relaciones hondas, la Palabra de Dios nos invita a no replegarnos sobre nosotros mismos. El bautismo nos impulsa a vivir de otra manera: con un corazón disponible, una fe que se comparte y una esperanza que sabe abrir la puerta. Porque, al final, la medida de nuestra vida nueva en Cristo se reconoce en el espacio que dejamos a los demás dentro de nuestra vida.

1 comentario:

  1. Un evangelio tan didáctico como bonito.
    Estamos llamados a compartir la mesa con todos aunque no piensen como nosotros, con hermanos que de ordinario no invitaríamos a nuestra casa.
    Y esto me recuerda,
    " me sientas a la mesa frente a mis adversarios, con aceite perfumsd mi cabeza y rellenas mi copa"
    SALMO 23
    DIOS, TÚ me indicas tu voluntad de manera contundente pero sencilla, casual.

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