sábado, 20 de junio de 2026

NO TENGÁIS MIEDO. Domingo 12 del Tiempo Ordinario, ciclo "a"


Las lecturas de este domingo (12 del Tiempo Ordinario, ciclo "a") nos invitan a afrontar una de las experiencias más universales de la existencia humana: el miedo. Miedo al sufrimiento, al fracaso, a la soledad, a la incomprensión, a la enfermedad y, en último término, a la muerte. En medio de todas esas incertidumbres resuena con fuerza la palabra de Jesús: «No tengáis miedo».

El profeta Jeremías, en la primera lectura (Jer 20,10-13), conoce bien el peso de la adversidad. Ha sido rechazado, ridiculizado y perseguido por anunciar fielmente la palabra de Dios. En un momento de profunda angustia abre su corazón ante el Señor, pero no se deja vencer por el desaliento. Al final de su oración proclama una certeza que sostiene toda su vida: «El Señor está conmigo como fuerte soldado». La fe no elimina las dificultades, pero permite atravesarlas sin perder la esperanza.

También nosotros conocemos momentos de oscuridad. Vivimos en una sociedad donde la fe es con frecuencia ignorada o considerada irrelevante. A veces experimentamos la incomprensión de quienes nos rodean; otras veces son nuestras propias fragilidades las que ponen a prueba la confianza. Pero el evangelio nos recuerda que nuestra vida está en las manos de Dios. Jesús utiliza una imagen conmovedora: el Padre conoce hasta el número de nuestros cabellos. No se trata de una afirmación poética sin más, sino de una revelación sobre el amor providente de Dios. Nada de lo que vivimos le resulta indiferente.

San Pablo da un paso más y nos ofrece el fundamento último de nuestra esperanza (Rom 5,12-15). Si el pecado ha extendido sus consecuencias sobre toda la humanidad, el amor de Cristo las supera infinitamente. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Allí donde el hombre encuentra sus límites, Dios despliega la inmensidad de su misericordia.

San Juan de la Cruz enseñaba que el alma avanza hacia Dios cuando aprende a caminar apoyada únicamente en él. En la noche de la fe desaparecen muchas seguridades humanas, pero permanece la certeza de que Dios conduce la historia y la vida de cada persona. Por eso, el santo carmelita afirmaba que quien busca a Dios con corazón sincero nunca camina solo.

La invitación de Jesús no es a la temeridad ni a la despreocupación, sino a la confianza. El cristiano sabe que su vida está sostenida por un amor más fuerte que el mal, más fuerte que el sufrimiento y más fuerte incluso que la muerte. Por eso puede avanzar serenamente por los caminos de la existencia, repitiendo con el corazón las palabras del evangelio: «No tengáis miedo».

Nada puede separarnos del amor de Cristo. Quien se abandona en sus manos descubre que, aun en medio de las tormentas, permanece siempre acompañado por aquel que vela sobre sus hijos con infinita ternura.

Oración. Señor Jesús, cuando el miedo oscurezca nuestro camino, recuérdanos que estamos en tus manos y en las del Padre celestial. Fortalece nuestra fe en las pruebas, sostén nuestra esperanza en las dificultades y haznos vivir confiados en tu amor, que es más fuerte que todo mal. Que nunca nos apartemos de ti y que podamos repetir cada día, con corazón sereno: «No tengo miedo, porque tú estás conmigo». Amén.

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