lunes, 5 de enero de 2026

LA FIESTA DE EPIFANÍA


Nos disponemos a celebrar la Epifanía, palabra griega que significa “manifestación” del Señor, también conocida como la fiesta de los Reyes Magos. Allí donde el 6 de enero no es festivo civil, se celebra el domingo más cercano (este año, el 4 de enero).

La Epifanía del Señor es la fiesta de la manifestación de Cristo a todos los pueblos. Mientras las Iglesias de Occidente contemplan la adoración de los Magos de Oriente, signo de que la salvación no se limita a Israel, sino que se abre a las naciones, las Iglesias orientales subrayan el bautismo de Jesús en el Jordán, donde el Hijo se revela y anticipa el bautismo cristiano. En ambos acentos late la misma certeza: Dios se da a conocer para la vida del mundo.

Los Magos, guiados por la estrella, representan a quienes buscan la verdad con corazón sincero. Como recordaba Edith Stein: «Quien busca la verdad busca a Dios, aun sin saberlo, porque Dios es la Verdad». En ellos, los Padres de la Iglesia vieron la primicia de los pueblos llamados a la fe, simbolizados en las diversas razas y culturas.

La liturgia del día recoge la visión del profeta Isaías: las riquezas de la tierra se postran ante la pobreza del Niño. Así, la Epifanía proclama que la luz de Cristo brilla para todos y convoca a toda la humanidad a la adoración.

Les propongo una breve poesía del breviario:

Ayer, en leve centella,
te vio Moisés sobre el monte;
hoy no basta el horizonte
para contener tu estrella.
Los magos preguntan; y ella
de un Dios infante responde,
que en duras pajas se acuesta
y más se nos manifiesta
cuando más hondo se esconde.

Este poema contrapone dos teofanías para expresar el misterio de la Epifanía. La “leve centella” vista por Moisés en el monte evoca la revelación antigua, real pero velada, mientras que la estrella de Belén desborda ahora el horizonte: la manifestación de Dios alcanza una plenitud inesperada.

La paradoja central es que esta máxima revelación acontece en la humildad. El Dios que guía a los Magos no se impone con poder, sino que “en duras pajas se acuesta”. La verdadera epifanía no está en el esplendor, sino en el anonadamiento: cuanto más se esconde Dios en la fragilidad del Niño Jesús, más profundamente se nos da a conocer.

Señor Jesús, luz verdadera que iluminas a todo hombre, guía también hoy nuestros pasos como guiaste a los Magos, para que, siguiendo tus signos en medio de la noche del mundo, sepamos encontrarte en la humildad, adorarte con fe sincera y ofrecerte la vida entera como don de amor. Amén.

1 comentario:

  1. 🌟Ahora que hemos seguido a Jesús y lo hemos encontrado en nuestra casa permitamos que nos envuelva y no le dejemos ir. 💎✨🙌

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