viernes, 29 de mayo de 2026

BEATA ELÍAS DE SAN CLEMENTE o.c.d. Presentación y oraciones de la misa


Su nombre de pila era Teodora Fracasso. Nació en Bari, Italia, el 17 de enero de 1901. Desde muy niña manifestó un carácter alegre, sensible y extraordinariamente abierto a las cosas de Dios. A los diez años ya reunía a sus amigas para leer el evangelio, comentar vidas de santos y rezar juntas, mostrando un precoz espíritu apostólico y una intensa vida interior.

Ya en el convento, escribió: «Desde que tuve clara conciencia de la vida, lo cual fue a una edad muy temprana, el primer impulso de mi corazón fue consagrarme por completo al Señor de mi alma, lo cual mantuve celosamente oculto a todos desde los cuatro años... la semilla de mi vocación religiosa ya había sido sembrada en lo más profundo de mi corazón y se desarrollaba en silencio».

En su adolescencia descubrió con claridad la llamada a la vida contemplativa. Tras un tiempo de discernimiento, ingresó en el Carmelo descalzo de Bari en 1920, tomando el nombre de sor Elías de San Clemente. Allí llevó una vida escondida y sencilla, marcada por la oración, la fraternidad y la fidelidad en las tareas más humildes. Sus hermanas recordaban especialmente su serenidad, su capacidad de sacrificio y la delicadeza con la que trataba a todas las personas.

Nos ha dejado algunos escritos autobiográficos, cartas, oraciones, pensamientos y poesías, que dan testimonio de que, aunque vivió solo veintiséis años, avanzó mucho por el camino de la infancia espiritual, todo hecho de amor, confianza en la misericordia divina y abandono en sus manos, bajo la guía de los escritos de santa Teresita de Lisieux. Le gustaba repetir: «Mi mundo, mi cielo, mi mar, mis flores son Dios, que es mi todo». Y oraba diciendo: «Date prisa, Señor, no tardes en venir, acelera el tiempo, tú lo puedes todo, no tardes más, tu sierva te espera».

Su vida no estuvo exenta de sufrimientos físicos y pruebas interiores. Padeció enfermedades dolorosas y momentos de gran oscuridad espiritual, pero los afrontó con admirable abandono en Dios. Precisamente en medio del sufrimiento repetía: «Jesús, haz de mí lo que quieras». Su alegría serena impresionaba a quienes convivían con ella.

Murió en Bari el día de Navidad de 1927. Su fama de santidad se difundió rápidamente entre el pueblo y en la Orden del Carmelo. La beata Elías de San Clemente sigue recordándonos que la santidad no depende de realizar obras extraordinarias, sino de vivir cada instante en unión amorosa con Dios, transformando lo cotidiano en ofrenda de amor.

Oración colecta. Oh Dios, que aceptaste complacido la oblación que te hizo de sí misma la beata Elías de san Clemente, virgen; concédenos, por su intercesión, que, alimentados con el Pan eucarístico, cumplamos fielmente tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración sobre las ofrendas. Recibe, Padre, los dones que te presentamos en la celebración de la beata Elías de san Clemente, virgen, y concédenos que, a ejemplo de quien se ofreció enteramente a ti con amor confiado y corazón sencillo, aprendamos a unir nuestra vida al sacrificio de Cristo, tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Prefacio
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque en la beata Elías de san Clemente nos has dado un signo luminoso de tu amor misericordioso. Tú la atrajiste desde su infancia al seguimiento de Cristo y la condujiste por el camino de la sencillez evangélica, para que, viviendo escondida contigo, encontrara en tu voluntad su alegría y su descanso.

En medio de las pruebas y sufrimientos le concediste la gracia de abandonarse plenamente en tus manos, alimentándose del Pan de vida y creciendo silenciosamente en el amor y la confianza filial.

Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, te alabamos proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo…

Oración después de la comunión. Alimentados con el Cuerpo de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, siguiendo el ejemplo de la beata Elías de san Clemente, virgen, permanezcamos siempre unidos a Cristo con corazón sencillo y confiado, para que nada nos aparte de tu amor y demos en el mundo testimonio de la alegría del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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