jueves, 9 de abril de 2026

RESUCITÓ «SEGÚN LAS ESCRITURAS»


Cuando el antiguo credo cristiano afirma que Cristo «resucitó según las Escrituras», no se limita a ofrecer una referencia piadosa al Antiguo Testamento. Está expresando algo mucho más profundo: que la resurrección de Jesús no es un acontecimiento aislado ni un hecho sorprendente que irrumpe sin contexto en la historia, sino la culminación de una historia de salvación, de una trama de sentido que atraviesa toda la revelación bíblica.

Las primeras comunidades cristianas comprendieron muy pronto que la resurrección no podía narrarse simplemente como el retorno de un muerto a la vida. El verbo «resucitar», en su uso ordinario, podría sugerir solo despertarse o levantarse. Pero lo sucedido en Jesús desborda completamente esa idea. No se trata de volver a la existencia anterior (como en el caso de Lázaro), sino de la irrupción de una vida nueva, de un modo de existencia que pertenece ya al ámbito definitivo de Dios. Por eso, para expresar lo que había ocurrido, los discípulos necesitaron releer las Escrituras.

En esa relectura descubrieron que la historia de Israel estaba misteriosamente orientada hacia este acontecimiento. Las palabras de los profetas, las figuras de los justos perseguidos, la esperanza de una intervención definitiva de Dios, todo parecía converger hacia el misterio pascual. No se trataba de forzar los textos antiguos, sino de descubrir en ellos una profundidad que solo ahora se hacía plenamente visible. A la luz del Resucitado, las Escrituras revelaban su sentido más hondo.

Decir que Cristo resucitó «según las Escrituras» significa, por tanto, que su Pascua pertenece al designio eterno de Dios. La pasión, la muerte y la resurrección no fueron un accidente en la historia de Jesús, sino el lugar donde se manifestó de manera definitiva la fidelidad de Dios a su promesa de salvación. En la resurrección comienza la nueva creación: el mundo nuevo inaugurado por Dios en su Hijo.

Pero la expresión posee también otro matiz. Nosotros creemos en la resurrección precisamente «según las Escrituras». No disponemos de otra prueba que el testimonio apostólico transmitido en ellas. La fe pascual nace de la escucha de esa palabra. Acoger la resurrección significa, en último término, confiar en el anuncio de la Iglesia, que custodia y proclama las Escrituras. Allí, en esa palabra recibida y creída, el acontecimiento pascual continúa abriéndose paso en la historia.

Si alguien quiere profundizar, puede leer el apartado que dedico a este argumento en mi libro Eduardo Sanz de Miguel, "La Semana Santa según la Biblia", editorial Monte Carmelo, Burgos 2017, ISBN: 978-84-8353-819-7, páginas 165-166.

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