La plaza Navona surge en el espacio que ocupaba el antiguo estadio del emperador Domiciano para competiciones deportivas y combates de gladiadores. Es una de las más famosas de Roma. Allí se levantan edificios de gran importancia histórico-artística y tres fuentes fantásticas:
La fuente de Neptuno, realizada el año 1574 por Giacomo della Porta y más tarde retocada por Bernini.
La fuente del Moro realizada también por Giacomo della Porta el año 1576, con algunos añadidos posteriores de Bernini.
Podemos apreciar los detalles en estas fotografías:
La de los Cuatro Ríos, realizada por Bernini con ayuda de algunos colaboradores, entre 1648 y 1651. Está situada en el centro de la plaza, junto a la Iglesia de santa Inés (con fachada de Borromini). Posiblemente sea la más hermosa de todas las fuentes que hay en Roma, aunque la más famosa y espectacular es la Fontana de Trevi.
La tradición de representar a los ríos con figuraciones humanas gigantescas era muy común en la antigüedad. En Roma se conservan muchas de época clásica, algunas llevadas a la ciudad desde Egipto y Grecia.
El agua de la fuente no brota de un único surtidor, sino que desciende bañando las grandes esculturas que representan los cuatro continentes que entonces se conocían, símbolo del bautismo que regenera a los hombres de todas las razas y condiciones. También baña las distintas especies vegetales y animales, características de cada continente, simbolizando que los sacramentos de la Iglesia hacen que la gracia de Dios renueve la creación entera, que aguarda, expectante, la manifestación de los hijos de Dios (cf. Rom 8,19).
Pocos años antes, Bernini había realizado la fuente del Tritón en la plaza Barberini, que supuso un alarde de ingeniería sin precedentes. Efectivamente, nunca antes se había construido una fuente que no estuviera apoyada sobre un pilar central sólido. Bernini construyó su fabulosa fuente sobre cuatro delfines que entrelazan sus colas, dejando el espacio central hueco.
Los contemporáneos pensaban que la fuente se hundiría, por lo que recibió muchas críticas. Sin embargo, la fuente sigue en pie después de casi 400 años y Bernini hizo varias más con la parte central hueca, especialmente la de los cuatro ríos de plaza Navona, coronada además por un pesado obelisco de granito.
De nuevo se repitieron las críticas, ya que pensaban que el obelisco situado sobre un espacio hueco, era un desafío al equilibrio natural, por lo que pedían a los ingenieros papales que lo apuntalaran. Bernini dijo que lo haría él mismo, por lo que ató un finísimo cordel al remate del obelisco y lo enlazó al muro de una casa. Incluso parece que colgó algunos carteles de la cuerda, desafiando a quienes no confiaban en la solidez de su obra.
La iglesia que hay al lado de la fuente fue levantada por el otro genio de la época: el arquitecto Borromini. Bernini y Borromini fueron competidores para todos los concursos de grandes obras en aquella época y fueron también enemigos personales, por lo que hay varias leyendas urbanas sobre esta fuente y la iglesia cercana.
Por ejemplo, la escultura que representa al río Nilo tiene los ojos vendados, porque entonces no se conocía dónde estaban sus fuentes, pero las malas lenguas decían que era para no ver la iglesia de Borromini. Igualmente, la escultura que representa al río Plata tiene un brazo levantado. La gente decía que era porque estaba asustado por si el templo de santa Inés se le caía encima.
Está realizada en piedra blanca Travertino y las figuras que personifican los cuatro ríos, así como los escudos papales, en mármol de Carrara.
Se quería inaugurar para el jubileo de 1650, aunque no estuvo terminada hasta el año siguiente, a pesar de que Bernini contrató a varios escultores para que le ayudaran en la realización de su proyecto. Se ha restaurado íntegramente para el jubileo del 2025.
El obelisco, de 18 metros de altura, proviene de la antigua villa del emperador Majencio, en la vía Apia. Está coronado por una paloma de bronce con un ramo de olivo en el pico, símbolo de la familia Pamphili, a la que pertenecía el papa Inocencio X, que mandó realizar la fuente.
Remate del obelisco, con la paloma de bronce.
Escudo del papa Inocencio X Pamphili.
Río Danubio, que representa a Europa. De hecho, atraviesa diez países y suponía el límite de los territorios que pertenecían al antiguo imperio romano. La escultura que personifica el río sujeta el escudo del papa con una mano y lo señala con la otra. Está coronada por una guirnalda de flores. A sus pies hay un caballo.
Detalle de la cabeza del río Danubio.
El caballo, que levanta sus patas delanteras, en actitud de correr a galope, a los pies del Danubio.
Río Ganges, símbolo de Asia. Tiene entre las manos un gran remo, ya que es navegable. A sus pies hay un dragón, símbolo del imperio chino.
Cabeza del río Ganges, símbolo de Asia.
El Río de la Plata tiene un saco lleno de monedas, simbolizando el color plateado de sus aguas (de ahí se le dio ese nombre) y la riqueza de las minas americanas. Hoy sabemos que el río Amazonas es más largo, pero entonces se pensaba que el mayor río de América era el Plata.
Cocodrilo que sale debajo del río de la Plata, que representa América. Ni Bernini ni sus contemporáneos italianos habían visto ningún lagarto americano, aunque habían oído hablar de ellos, por lo que Bernini lo diseñó con mucha fantasía, a partir de los relatos de viajeros que los habían visto.
Río Nilo, símbolo de África, con la cabeza tapada, porque nadie había logrado llegar hasta sus fuentes y se desconocía dónde tenía su nacimiento. A su lado hay una palmera y a sus pies un león.
León en actitud de beber, a los pies del río Nilo.
Serpiente terrestre, con la lengua viperina que sale de entre los dientes. Es el símbolo del pecado y de los peligros de la vida, que podemos superar con la gracia del bautismo.
Serpiente marina, enorme y amenazante. Su boca abierta es el sumidero por donde se va el agua de la fuente. Está domesticada, vencida, con la cabeza hacia abajo.
Delfín con la enorme boca abierta, símbolo de la naturaleza amiga del hombre (los delfines son animales sociales, que acompañan a los navegantes sin atacarlos nunca). Como sucede con la serpiente marina, su boca abierta es el sumidero por donde se va el agua de la fuente.
Como es natural, visitaremos la plaza y sus fuentes en nuestra peregrinación a Roma, en octubre de 2025. Quienes tengan interés pueden ponerse en contacto con Abel Roig. Los de América deben ir mirando con él o por su cuenta los boletos de avión, que cuanto más pasa el tiempo, son más caros.
E-MAIL: aroig@viajesarpa.es
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