El 17 de agosto se celebra la fiesta del beato Ángel Agustín Mazzinghi, o.carm. (1385-1438), conocido popularmente en Florencia como «beato Angiolino». Fue una figura destacada de los movimientos de reforma en el Carmelo italiano durante el siglo XV. Su fama se debió, sobre todo, a la profundidad de su doctrina espiritual y a la eficacia de su predicación.
Nació en Florencia hacia 1385. Ingresó joven en la Orden del Carmen y se incorporó al movimiento reformador que buscaba recuperar el fervor primitivo de la vida religiosa. Fue prior de los conventos reformados de Las Selvas y de Florencia, dos de los principales centros de renovación espiritual de la época.
Su prestigio como predicador se extendió rápidamente por toda la Toscana. Numerosos fieles acudían a escucharlo, atraídos por una palabra que unía sólida formación teológica y profunda experiencia espiritual. Los cronistas afirman que muchos abandonaban una vida desordenada y emprendían un camino sincero de conversión después de escuchar sus sermones.
Fue también director espiritual y maestro de oración. Sabía guiar a las almas con prudencia y delicadeza, ayudándolas a descubrir la voluntad de Dios en las circunstancias concretas de la vida.
La tradición artística suele representarlo predicando, con flores que brotan de su boca. La imagen quiere expresar simbólicamente la belleza y fecundidad de sus palabras, capaces de alimentar espiritualmente a quienes las escuchaban.
Murió el 17 de agosto de 1438. Su culto se mantuvo vivo durante siglos en Florencia y fue confirmado oficialmente por la Santa Sede en 1761. El beato Ángel recuerda que una palabra nacida de la oración puede transformar profundamente los corazones y convertirse en instrumento de renovación para la Iglesia.
ORACIÓN COLECTA. Dios todopoderoso y eterno, que has santificado este día de júbilo con la glorificación del beato Ángel Agustín; concédenos, por tu bondad, mantener firmemente y consolidar con obras aquella fe profunda que él testimonió con celo infatigable. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Dios de bondad, que en el beato Ángel Agustín has querido destruir el hombre viejo y crear en él un hombre nuevo, a tu imagen; concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como él lo fue, para que podamos ofrecerte un sacrificio que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Dios de bondad, que en el beato Ángel Agustín has querido destruir el hombre viejo y crear en él un hombre nuevo, a tu imagen; concédenos, por sus méritos, ser renovados por ti, como él lo fue, para que podamos ofrecerte un sacrificio que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
PREFACIO. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque tú has suscitado en tu Iglesia al beato Ángel Agustín, hombre renovado por tu gracia, que, abrazando con fervor la vida del Carmelo, buscó con empeño la fidelidad a la Regla y la pureza de la vida religiosa.
En la intimidad de la oración lo formaste como maestro de vida espiritual, y, encendido en tu amor, hiciste de él un ardiente predicador del Evangelio. Con la sabiduría que procede de ti anunció la verdad con sus palabras y la confirmó con el ejemplo de su vida, llamando a los pecadores a la conversión y guiando a tus fieles por el camino de la santidad.
Así, por su ministerio, tu Iglesia experimentó la fuerza renovadora de tu gracia, pues hiciste fecunda su palabra para despertar la fe, afianzar la esperanza, promover la caridad y conducir a muchos corazones hacia una vida nueva en Cristo.
Por eso, con los ángeles y los santos, te alabamos y bendecimos, y cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Oración después de la comunión. Te rogamos, Señor, que nosotros, tus siervos, fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas, a ejemplo del beato Ángel Agustín, y a ser nosotros, mientras vivamos en el mundo, imagen del hombre nuevo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Observando nuestra Regla
con fervores siempre nuevos,
escalaste las alturas
de nuestro santo Carmelo.
El primero en el trabajo,
constante, probo, modesto,
tus palabras convencían,
pero arrastraba tu ejemplo.
Brillante por la elocuencia,
ardiente en divino celo
doquier la paz afirmabas
en los cristianos preceptos.











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