El introito "Invocabit me" abre el primer domingo de Cuaresma con un tono de profunda confianza filial. Tomado del salmo 91 [90], no es un lamento penitencial, sino una promesa de Dios proclamada sobre la asamblea: “Me invocará y lo escucharé”. La Cuaresma comienza, así, no desde el miedo ni la culpa, sino desde la certeza de que quien entra en el desierto no está solo, sino sostenido por la fidelidad divina.
Desde el punto de vista teológico, el texto pone en labios de Dios una palabra de alianza. Él mismo se compromete a escuchar, librar, glorificar y colmar de vida. En el contexto cuaresmal (y especialmente en este primer domingo, marcado por el evangelio de las tentaciones), el salmo se refiere de modo transparente a Cristo, el Hijo que invoca al Padre en el desierto y es sostenido por él.
Al mismo tiempo, la Iglesia se reconoce en esas palabras: quien habita “al amparo del Altísimo” puede atravesar la prueba sin perder la esperanza. La referencia a la “longitud de días” no apunta solo a una vida larga, sino a la plenitud de la vida salvada, que culmina en la Pascua.
Musicalmente, este introito pertenece al repertorio más sobrio y denso del canto gregoriano. Está compuesto en modo II, de carácter grave y contenido, muy adecuado para expresar confianza serena más que entusiasmo expansivo. La melodía avanza con pasos breves, casi recogidos, evitando grandes saltos: no dramatiza, reposa.
El acento musical recae con especial fuerza en "Invocabit me" y "ego exaudiam eum", subrayando la iniciativa de la oración humana y la respuesta fiel de Dios. No hay tensión irresuelta: la música “habita”, como el texto, en un espacio de protección.
El versículo "Qui habitat in adjutorium Altissimi" amplía el horizonte: ya no es solo la promesa divina, sino la condición del creyente, que vive bajo esa sombra protectora. El canto no empuja hacia adelante, sino que envuelve, creando un clima de refugio espiritual al inicio de la celebración.
El "Gloria Patri", integrado sin ruptura, recuerda que esta promesa se cumple plenamente en el misterio trinitario.
Pongo la letra en latín y la traducción al español.
Invocabit me et ego exaudiam eum,
eripiam eum et glorificabo eum,
longitudine dierum adimplebo eum.
Qui habitat in adjutorium Altissimi
in protectione Dei coeli comorabitur.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio et nunc et semper
et in saecula saeculorum. Amen.
Esta es la traducción al español:
Me invocará y lo escucharé;
lo defenderé y lo glorificaré;
lo saciaré de largos días.
Tú que vives al amparo del Altísimo
bajo la protección del Omnipotente.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Invocabit me et ego exaudiam eum,
eripiam eum et glorificabo eum,
longitudine dierum adimplebo eum.
Qui habitat in adjutorium Altissimi
in protectione Dei coeli comorabitur.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio et nunc et semper
et in saecula saeculorum. Amen.
Esta es la traducción al español:
Me invocará y lo escucharé;
lo defenderé y lo glorificaré;
lo saciaré de largos días.
Tú que vives al amparo del Altísimo
bajo la protección del Omnipotente.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
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