La cronología exacta de los últimos días de Jesús no es fácil de establecer. Los evangelios no ofrecen una reconstrucción histórica precisa de fechas y horas, y además los acontecimientos tuvieron lugar en el contexto del calendario judío, que es lunar y no coincide siempre con nuestro calendario solar. A esto se añade que en el judaísmo del siglo I coexistían distintos modos de calcular las fiestas, lo que ayuda a comprender algunas divergencias entre los relatos.
Hay, sin embargo, un punto en el que los cuatro evangelios coinciden plenamente: Jesús murió un viernes, permaneció en el sepulcro el sábado y resucitó «el primer día de la semana», es decir, el domingo. A partir de esta certeza fundamental se intenta reconstruir el resto de los acontecimientos.
La principal dificultad aparece al comparar a los evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) con el evangelio de Juan. Los sinópticos parecen indicar que Jesús celebró con sus discípulos una auténtica cena pascual y que murió el mismo día de la Pascua. Si esto fuera así, la Pascua habría caído ese año en viernes. Sin embargo, esta hipótesis plantea problemas históricos, porque resulta poco verosímil que las autoridades judías celebraran juicios o ejecutaran condenas en una jornada tan solemne.
El evangelio de Juan ofrece otra perspectiva. Según él, Jesús fue crucificado en la víspera de la Pascua, precisamente en el momento en que en el templo se sacrificaban los corderos. De ese modo, la Pascua habría caído en sábado y la cena del jueves habría sido una comida de despedida que anticipaba la fiesta, aunque no fuera estrictamente la cena pascual.
El descubrimiento de los manuscritos de Qumrán aportó una posible explicación. En ellos aparece un calendario utilizado por los esenios y por otros grupos judíos, en el que las fiestas caían siempre en los mismos días de la semana y la Pascua se celebraba en miércoles. Si Jesús hubiera seguido este calendario, habría podido celebrar la Pascua con sus discípulos algunos días antes que las autoridades del templo. Esto permitiría comprender mejor el tiempo necesario para los interrogatorios, traslados y juicios narrados por los evangelios antes de la crucifixión.
Aun así, la cuestión no queda completamente resuelta. Más allá de las dificultades cronológicas, lo esencial es que los evangelios sitúan los acontecimientos decisivos de la pasión de Jesús en el marco de la Pascua judía, que ofrece la clave para comprender el sentido de su muerte y de su resurrección.
Resumen de las páginas 77-81 de mi libro Eduardo Sanz de Miguel, "La Semana Santa según la Biblia". Editorial Monte Carmelo, Burgos 2017, ISBN: 978-84-8353-819-7.

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