miércoles, 14 de octubre de 2026

PRESENTACIÓN, LECTURAS Y ORACIONES PARA LA MISA DE SANTA TERESA DE JESÚS


Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila, en 1515. Dotada de excepcionales talentos de mente y corazón, a los veinte años ingresó en el monasterio carmelitano de La Encarnación. Sus intensas experiencias místicas y su profundo amor a la Iglesia, lacerada por las divisiones causadas por la Reforma protestante, la llevaron a una colaboración cada vez más generosa con el plan de Dios sobre ella. 

En 1562 fundó el monasterio de carmelitas descalzas de San José de Ávila, al que siguieron muchos otros. Supo conciliar la simpatía natural y la gracia sobrenatural, el don de gentes y el trato íntimo con Dios, la actividad incesante y la vida contemplativa. Murió el 4 de octubre de 1582. Fue canonizada en 1622. Fue la primera mujer proclamada doctora de la Iglesia, el año 1970.

A través de sus obras, entre las que destacan el Libro la Vida, el Camino de perfección, Las Moradas, y Las Fundaciones, ha ejercido en la Iglesia un luminoso magisterio espiritual. 

Teresa cultivó las virtudes humanas, como son el esfuerzo intenso para decir siempre la verdad, guardar fidelidad, cumplir lo prometido, impregnar sus conversaciones familiares de alegría y humanidad. Se distinguía en todo lo que hacía o padecía por su grandeza de ánimo, unida a la afabilidad y a una justa estima y reverencia hacia cada persona. 

ORACIÓN COLECTA. Señor Dios nuestro, que por medio de tu Santo Espíritu has suscitado a santa Teresa de Jesús (nuestra Madre) para enseñar a tu Iglesia el camino de la perfección; concédenos alimentarnos siempre con su celestial doctrina, para que crezca en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría (7,7-14). Supliqué y me fue dad la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. No le equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena, y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y la belleza y la prefería a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Que Dios me conceda hablar con conocimiento y tener pensamientos dignos de sus dones, porque él es el mentor de la sabiduría y el adalid de los sabios. En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, toda prudencia y toda inteligencia práctica. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL (Salmo 83)

Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor. 

Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa,
y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. 

Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.

Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Porque el Señor Dios es sol y escudo, el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes a los de conducta intachable. 

Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,14-17.26-27). Hermanos: Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba! (Padre)».

Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

El que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Aleluya. El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Aleluya.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,14-18.37-39). A mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar. Los judíos preguntaban extrañados: ― «¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?».

Jesús les contestó: ― «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado; el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene Dios o si hablo en mi nombre. Quien habla en su propio nombre busca su propia gloria; en cambio, el que busca la gloria del que lo ha enviado, ese es veraz y en él no hay injusticia».

El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: ― «El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”».

Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en el. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXIÓN. Santa Teresa hizo de su vida una búsqueda apasionada de Dios. La liturgia nos presenta una de las claves de su experiencia espiritual: «Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo». Teresa fue, ante todo, una mujer sedienta de Dios. No se conformó con conocerlo de oídas ni con vivir una fe rutinaria. Quiso encontrarse personalmente con Cristo, tratar con él como con un amigo y dejarse transformar por su amor.

El Evangelio nos recuerda que Jesús es la fuente de esa vida nueva: «El que tenga sed, que venga a mí y beba». Teresa descubrió que toda verdadera oración nace del deseo de Dios y conduce a una amistad cada vez más profunda con él. Por eso insistió tanto en la oración como trato de amistad: no como una obligación exterior, sino como un encuentro que transforma la existencia.

Pero la experiencia de Dios nunca la encerró en sí misma. Teresa vivió en un tiempo de profundas divisiones dentro de la Iglesia y sintió como propias sus necesidades. Su oración, lejos de apartarla del mundo, despertó en ella una extraordinaria capacidad de entrega. Fundó monasterios, recorrió caminos, escribió, aconsejó y trabajó incansablemente para que Cristo fuera conocido y amado. La contemplación se convirtió, así, en servicio.

También nosotros necesitamos recuperar esta unidad entre oración y vida. Podemos estar muy ocupados en cosas buenas y olvidar la fuente de donde procede nuestra fuerza. Teresa nos recuerda que necesitamos volver una y otra vez a Cristo, porque solo quien bebe de él puede ofrecer a los demás «ríos de agua viva».

Pidamos hoy su intercesión para que crezca en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Que aprendamos de ella a vivir en amistad con Cristo, a buscar siempre la gloria de Dios y a poner nuestros dones al servicio de la Iglesia y de nuestros hermanos. Así, nuestra vida podrá convertirse también en una respuesta agradecida al amor de Dios.

ORACIÓN DE LOS FIELES. Iluminados por la Palabra de Dios y la doctrina de santa Teresa, oremos al Padre, confiadamente por las necesidades de la Iglesia y de la humanidad.

- Por la Iglesia, nuestra Madre, que el Señor ha querido santa y sin mancha, para que por ella santifique y una en la fe y en la caridad a cuantos creemos en Cristo, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

- Por todas las personas de buena voluntad, para que en el diálogo con Dios aprendan a dialogar también con los hombres e instauren en el mundo la paz y la justicia, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

- Por el Carmelo Teresiano que celebra en este día la solemnidad de su Madre Fundadora, para que mantenga vivo en la Iglesia su mensaje de oración y de amor, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

- Por nosotros que participarnos en esta Eucaristía, para que, a ejemplo de santa Teresa, vivamos siempre unidos a Cristo y trabajemos por la santidad y la unidad de la Iglesia, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.

* Padre de bondad y de misericordia, que, con Cristo y el Espíritu Santo, has puesto en nuestro corazón tu morada, por los méritos e intercesión de santa Teresa, haz que obtengamos cuanto te hemos pedido y nos comprometamos a realizar cuanto deseas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS. Padre celestial, sean aceptables a tu majestad los dones que te presentamos, como te fue grata la oblación de santa Teresa de Jesús (nuestra Madre). Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

PREFACIO. Te damos gracias, Padre celestial, y cantamos tus misericordias con santa Teresa de Jesús, (nuestra Madre), al celebrar hoy su fiesta. Porque tú eres el Dios vivo y verdadero que, en tu infinita bondad y sabiduría, llenas con tu presencia todas tus criaturas y has puesto en nuestro corazón la morada de tu gracia. Tú has revelado el misterio de tu inmenso amor en la humanidad de Jesucristo, tu Hijo; tú nos lo has dado como compañero en nuestras flaquezas, maestro de la verdad, modelo de nuestro trato filial contigo, amigo fiel y esposo de las almas, manantial inagotable de la santidad de tu Iglesia. A él cantan los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo, santo... 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Padre santo, concede a la familia de tu Iglesia, que has alimentado con el pan bajado del cielo, cantar eternamente tus misericordias, como santa Teresa de Jesús (nuestra Madre). Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

BENDICIÓN SOLEMNE. Dios, nuestro Padre, que os ha llamado a celebrar la fiesta de santa Teresa de Jesús, os conceda también participar de su santidad y sabiduría. Amén.

Que él os haga gustar la dulzura de su amistad divina a través del camino de la oración aprendido en la escuela de santa Teresa, maestra de oración en la Iglesia. Amén.

Que él os llene de ardor apostólico para ser, como santa Teresa, testigos gozosos de su amor entre los hombres e hijos fieles a la Iglesia. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario