Acompaño esta entrada con la fotografía de un «cuadro mágico», que se encuentra en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Es un juego de números. De hecho, si se suman los cuatro números de una fila (sea en horizontal, en vertical o en diagonal, al derecho o al revés), siempre sale el mismo número: 33, la edad de Jesucristo.
En la Biblia, los números poseen sobre todo un valor simbólico y teológico más que matemático. En las lenguas antiguas los números se escribían con letras, lo que permitía juegos de significado hoy difíciles de traducir. De ahí el desarrollo de la cábala, una forma de interpretación que busca sentidos ocultos en la relación entre letras, palabras y números, practicada desde la Antigüedad por judíos, cristianos y musulmanes, y todavía viva en algunos ambientes.
LOS CUARENTA DÍAS. En este marco simbólico se comprende el sentido del número 40, central para la Cuaresma. La palabra latina «Quadragesima» remite a los cuarenta días de preparación pascual, inspirados en el retiro de Jesús en el desierto al inicio de su vida pública. En la Biblia, el 40 no indica una cantidad exacta, sino un tiempo completo, suficiente para que suceda algo decisivo. En la antigüedad, una vida humana rondaba los cuarenta años; por eso el número llegó a simbolizar una generación o una existencia entera.
Numerosos ejemplos bíblicos refuerzan este significado: Moisés vive tres etapas de cuarenta años; Israel camina cuarenta años por el desierto; David reina cuarenta años; Job vive cuarenta años tras sus pruebas. De modo análogo, cuarenta días indican un tiempo intenso de prueba, preparación o revelación: el diluvio, la oración de Moisés en el Sinaí, la marcha de Elías hasta el Horeb, el anuncio de Jonás a Nínive, la presentación de Jesús en el templo, su permanencia en el desierto y, después de la resurrección, sus apariciones a los discípulos. Así, la Cuaresma se entiende como el tiempo pleno y oportuno que la Iglesia ofrece para la conversión y la salvación.
Los Padres de la Iglesia añadieron una lectura más profunda: el 40 como número “cósmico y moral”, resultado del 4 (los confines del mundo) multiplicado por el 10 (el Decálogo). De este modo, el ayuno cuaresmal recapitula simbólicamente la historia de la humanidad, con sus desobediencias, que Cristo asume y redime.
LAS SEIS SEMANAS. También las seis semanas de Cuaresma recibieron una interpretación simbólica. Frente al 7, número de plenitud y descanso, el 6 indica lo incompleto y el tiempo del esfuerzo. Según Eusebio de Cesarea, los cristianos trabajan espiritualmente durante seis semanas, como Dios creó el mundo en seis días, antes de entrar en las siete semanas pascuales, anticipo del descanso eterno. San Juan refuerza esta visión al presentar las seis tinajas de Caná como signo de una purificación preparatoria. Así, las seis semanas cuaresmales representan el tiempo del noviazgo y de la purificación, que culmina en la Pascua, las bodas del Cordero.
Resumen de las páginas 185-189 de mi libro: Eduardo sanz de Miguel, "La fe celebrada. Historia, teología y espiritualidad del año litúrgico en los escritos de Benedicto XVI", Burgos 2012.

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