miércoles, 29 de julio de 2026

FIESTA DE SANTA MARTA, SANTA MARÍA Y SAN LÁZARO DE BETANIA (29 de julio)


El 29 de julio se celebra la fiesta de los santos hermanos Marta, María y Lázaro de Betania. Discípulos y amigos de Jesús. Sobre ellos he hablado muchas veces en el blog. Hoy solo quiero reflexionar sobre el texto bíblico que dice: «Marta recibió a Jesús en su casa» (Lc 10,38).

En esa sencilla afirmación se encierra una profunda enseñanza sobre la vida cristiana. El evangelista no habla solo de un gesto de hospitalidad, tan apreciado en la tradición bíblica, sino de una auténtica acogida del Señor, que convierte una vivienda ordinaria en un lugar de encuentro con Dios.

El Nuevo Testamento presenta la casa de Betania como uno de los espacios más significativos de la vida pública de Jesús. Allí encontraba descanso después de las tensiones de Jerusalén; allí compartía la mesa con sus amigos; allí lloró ante la muerte de Lázaro y manifestó su poder sobre la muerte; allí María lo ungió anticipando su sepultura. Betania aparece, por tanto, como el hogar de la amistad, de la escucha de la palabra, del servicio generoso, de la fe en la resurrección y del amor que se expresa en gestos concretos.

Los estudios bíblicos contemporáneos subrayan que las primeras comunidades cristianas nacieron y crecieron precisamente en casas particulares. Antes de la construcción de templos, los creyentes se reunían en las llamadas domus ecclesiae, las «casas de la Iglesia», donde escuchaban la enseñanza apostólica, celebraban la fracción del pan, compartían los bienes y fortalecían la comunión fraterna. Las cartas de san Pablo mencionan repetidamente a cristianos que abrían sus hogares a la comunidad, como Prisca y Áquila, Ninfa, Filemón o Gayo. Aquellas casas eran mucho más que lugares de reunión: constituían el primer espacio visible donde la Iglesia tomaba cuerpo.

Desde esta perspectiva, Marta adquiere un relieve particular. Ella aparece como la anfitriona que abre su casa al Maestro y hace posible el encuentro de otros con él. Su hospitalidad no es un simple detalle doméstico, sino un auténtico ministerio eclesial. María, por su parte, representa la escucha atenta de la palabra, y Lázaro el testimonio de la vida nueva que Cristo comunica. Los tres hermanos, cada uno con su propia vocación, forman un icono de la comunidad cristiana.

También hoy nuestras casas están llamadas a parecerse a Betania. Allí donde se acoge al Señor en la oración, se escucha su palabra, se practica la hospitalidad, se comparte el pan y se vive la caridad, la familia se convierte en una pequeña Iglesia doméstica. El mundo necesita muchos hogares donde Cristo pueda seguir encontrando amigos, descanso y un corazón dispuesto a recibirlo. Que la casa de Marta, María y Lázaro siga siendo para todos nosotros un modelo e inspiración.

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