El canto más característico del Domingo de Ramos en la liturgia romana es el “Pueri Hebraeorum”. Acompaña la procesión con ramos y pone en labios de la asamblea las palabras del evangelio: «Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, gritando: “Hosanna en el cielo”». No es una simple evocación histórica; es actualización sacramental. La Iglesia no recuerda desde fuera, sino que entra en la escena.
El protagonismo de los niños subraya la pureza de la alabanza. Son ellos quienes reconocen al mesías cuando los poderosos vacilan. Así, la procesión se convierte en signo de una fe sencilla, que aclama antes de comprender plenamente. El “Hosanna” anuncia la paradoja del día: el Rey que entra en Jerusalén es el mismo que será rechazado. La liturgia une júbilo y presagio de la pasión.
La antífona se alterna con versículos del salmo 24 [23], que introduce una dimensión cósmica y teológica más amplia. «Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella»: la entrada de Cristo en Jerusalén no es un episodio local, sino la manifestación del señorío universal de Dios. Cuando la asamblea canta «¡Puertas, abríos para que entre el rey de la gloria!», la escena adquiere un sentido simbólico: no solo se abren las puertas de la ciudad, sino las del corazón y, en perspectiva pascual, las del cielo mismo.
«¿Quién es ese Rey de gloria?» La pregunta crea una tensión litúrgica. La respuesta: «El Señor fuerte y poderoso» resuena con dramatismo, pues su poder se revelará en la debilidad de la cruz. El rey que entra entre aclamaciones es el mismo que reinará desde el madero.
El gregoriano presenta una antífona viva y rítmicamente ágil, adecuada al movimiento procesional. La melodía es clara, casi luminosa, subrayando el carácter festivo del momento. El “Hosanna in excelsis” se expande con amplitud jubilosa. En contraste, los versículos salmódicos adoptan un tono más solemne y estructurado, creando un equilibrio entre exultación y majestad.
El “Pueri Hebraeorum” no es solo un canto infantil o pintoresco: es la proclamación litúrgica del Rey que viene. La Iglesia, con ramos en la mano y salmos en los labios, se reconoce a sí misma como el pueblo que sale al encuentro de su Señor, dispuesto a seguirlo hasta la cruz y más allá, hasta la gloria.
Copio el texto latino y la traducción al español:
Pueri Hebraeórum, portantes ramos olivárum, obviavérunt Domino, clamántes et dicéntes: “Hosanna in excélsis”.
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, gritando y diciendo: “Hosanna en el cielo”.
Domini est terra, et plenitudo eius, orbis terrarum, et qui habitant in eo.
Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan.
Quia ipse super maria fundavit eum et super flumina firmavit eum.
Porque él la fundó sobre los mares, él la asentó sobre los ríos.
Attollite portas, principes vestras, et elevamini, portae aeternales, et introibit rex gloriae.
¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!
Quis est iste rex gloriae? Dominus fortis et potens, Dominus potens in proelio.
¿Quién es ese rey de gloria? el Señor, el fuerte, el valiente; el Señor, valiente en la batalla.
Attollite portas, principes vestras, et elevamini, portae aeternales, et introibit rex gloriae.
¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!
Quis est iste rex gloriae? Dominus virtutum ipse est rex gloriae.
¿Quién es ese rey de gloria? el Señor poderoso es el rey de la gloria.
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