viernes, 10 de julio de 2026

SONETOS DE RAFAEL ALBERTI A LA VIRGEN DE CARMEN


En estos poemas encontramos a un Rafael Alberti (1902-1999) sorprendente, muy distinto de la imagen pública con la que habitualmente se le identifica. El poeta gaditano, vinculado durante toda su vida al comunismo y considerado con frecuencia ajeno a la experiencia religiosa, deja entrever en estos versos una fe íntima, profundamente arraigada en la memoria de su infancia marinera y en la tradición de su tierra. No se trata de un mero homenaje folclórico a la patrona de los marineros, sino de una auténtica oración poética nacida de la confianza y de la esperanza.

Presenta a la Virgen del Carmen como la gran protectora de la travesía humana. Alberti recurre a un universo de imágenes marinas –la proa, el timón, la escollera, la marea, la barca, el anzuelo– para expresar la fragilidad de la existencia y la necesidad de una guía segura. María es la «remadora», la «marinera», la «loba de mar», la que acompaña al navegante cuando el mar está en calma y, sobre todo, cuando arrecian las tormentas. Su presencia no elimina los peligros, pero ofrece la certeza de no afrontarlos en soledad.

Especialmente conmovedor resulta el último soneto. El poeta contempla el naufragio como imagen de la muerte cercana y dirige a la Virgen una súplica cargada de ternura: «Toquen mis manos el cuadrado anzuelo –tu escapulario–». El escapulario del Carmen, signo tradicional de protección y pertenencia, se convierte aquí en el último asidero de quien desea abandonar este mundo sostenido por la intercesión de María. 

El poema concluye con una imagen de extraordinaria belleza: el poeta convertido en delfín, llevando a la Virgen sobre sus hombros hasta las profundidades del mar, un lugar donde «jamás lleguen las redes». Es una metáfora luminosa del descanso definitivo, de la victoria sobre todo aquello que amenaza la vida y de la esperanza de alcanzar, guiado por María, el puerto seguro de Dios. 

Omito aquí el primer soneto (que habla de la coronación de una imagen de la Virgen del Carmen) y recojo los otros dos.

[2. Día de amor y bonanza]

Que eres loba de mar y remadora,
Virgen del Carmen, y patrona mía,
escrito está en la frente de la aurora,
cuyo manto es el mar de mi bahía.

Que eres mi timonel, que eres la guía
de mi oculta sirena cantadora,
escrito está en la frente de la proa
de mi navío, al sol del mediodía.

Que tú me salvarás, ¡oh marinera
Virgen del Carmen!, cuando la escollera
parta la frente en dos de mi navío,

loba de espuma azul en los altares,
con agua amarga y dulce de los mares
escrito está en el fiero pecho mío.

[3. Día de tribulación]
 
¡Oh Virgen remadora, ya clarea
la alba luz sobre el llanto de los mares!
Contra mis casi hundidos tajamares,
arremete el mastín de la marea.

Mi barca sin timón, caracolea
sobre el tumulto gris de los azares.
Deje tu pie, descalzo, sus altares,
y la mar negra verde pronto sea.

Toquen mis manos el cuadrado anzuelo
–tu escapulario–, Virgen del Carmelo,
y hazme delfín, Señora, tú que puedes…

Sobre mis hombros te llevaré a nado
a las más hondas grutas del pescado,
donde jamás lleguen las redes.

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