Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 9 de junio de 2018

Oración en el Cenáculo, en el monte Sión de Jerusalén


Al principio, Sión era una denominación de la ciudad, que ocupaba únicamente el «ofel» (la pequeña colina frente al templo, donde se situaba la ciudad jebusea conquistada por David, por lo que pasó a llamarse «ciudad de David»). 


Más tarde se llamó monte Sión al monte sobre el que se construyó el templo con todas sus dependencias: los graneros, caballerizas, tribunales y el palacio de David (en tiempos de Jesús, la torre Antonia). 



Los primeros cristianos construyeron un templo llamado «Iglesia madre de la santa Sión» sobre el lugar donde se encontraba la casa de María, la madre de Juan Marcos. Allí se celebró la Última cena «en el piso superior». En ese mismo lugar se reunía la comunidad antes y después de Pentecostés. Allí descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles, comenzó la predicación cristiana a Israel y desde allí fueron enviados los primeros misioneros fuera de Jerusalén. El primer concilio de Jerusalén se reunió en aquella casa. Es natural que los primeros cristianos la tuvieran un cariño especial. Por esta iglesia, el barrio pasó a denominarse «monte Sión», hasta el presente.



El edificio fue ampliado en época bizantina, destruido por los persas el año 624, reconstruido por los cruzados y vuelto a destruir por los musulmanes. La actual capilla del Cenáculo fue construida por los franciscanos en 1335 como coro de su iglesia. El mihrab, (el nicho de oraciones musulmán, que mira a la Meca) fue agregado en 1523, cuando los franciscanos fueron expulsados del edificio y el recinto fue convertido en mezquita.



La habitación del piso inferior, debajo del Cenáculo, hoy transformada en sinagoga, contiene un cenotafio (tumba vacía o monumento funerario erigido como edificación simbólica) que desde el siglo XII es conocido como «la tumba del rey David».



† Oración. Padre misericordioso, que nos has convocado para recordar la memorable cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos santos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

† De la primera carta de san Pablo a los Corintios (11,23s). Yo recibí del Señor lo que os he transmitido: Que Jesús, el Señor, en la noche que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que la bebáis, hacedlo en memoria mía». Por eso, siempre que coméis este pan y bebéis este cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva. 

† Salmo responsorial. El cáliz que bendecimos es la comunión con la sangre de Cristo.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré mis votos en presencia de todo el pueblo.

† Del evangelio según san Juan (13,1s). Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo que le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Se pusieron a cenar. El diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. Jesús, sabiendo que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas, que había salido de Dios y que a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó. Luego echó agua en un barreño y comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a enjugárselos con la toalla que se había ceñido. 

† Acción de gracias de la liturgia mozárabe para el Jueves Santo. 
En verdad es justo y digno que te demos gracias, a ti, Padre Santo y omnipotente, y a tu Hijo Jesús. Porque su humanidad nos ha congregado, su humildad nos ha elevado, su entrega nos ha liberado, su muerte nos ha redimido, su cruz nos ha llenado de vida, su sangre nos ha limpiado y su carne nos alimenta.
Él, para manifestar a los suyos la grandeza de su bondad y humanidad, no tuvo a menos el lavar los pies incluso del que le había de entregar, aunque ya veía manchadas sus manos con el crimen. Pero ¿por qué admirarnos de que al cumplir este humilde ministerio, en vísperas de su muerte, se despojara de sus vestiduras, cuando siendo Dios, se humilló a sí mismo, despojándose de su gloria? ¿Por qué admirarnos si se ciñó la toalla, cuando al tomar forma de siervo, se revistió de nuestra carne pecadora? Por todas esas muestras de amor te damos gracias y te cantamos un himno de alabanza unidos a los ángeles y a los santos.

2 comentarios:

  1. Como? Entonces El lugar donde ocurrió la institución de la Eucaristía ahora hoy dia es una Mesquita?

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    1. También el lugar de la ascensión. Son cosas de la historia, aunque el Cenáculo no está en uso, sino que permanece abierto para que todos puedan visitarlo.

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