Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 20 de mayo de 2018

El Espíritu de perdón


El evangelio que se lee en la misa del día de Pentecostés recoge la primera aparición de Cristo resucitado a sus discípulos. En ella les dice: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". El Espíritu Santo es el gran regalo de Jesús resucitado a la Iglesia.

La mayoría de los discípulos abandonó a Jesús durante su pasión y muerte. Después de su resurrección, él no los acusa ni los condena. Por el contrario, les regala su Espíritu de perdón; les perdona y les da la misión de convertirse en mensajeros del perdón.

Así comienza la historia de la Iglesia: con Jesús que perdona los pecados y nos invita a perdonarnos unos a otros, a celebrar el sacramento del perdón y de la reconciliación.

Sabemos que no es fácil perdonar, que es más sencillo juzgar y condenar a los otros, como Adán que echa la culpa a Eva y Eva que echa la culpa a la serpiente. Eso es lo sencillo: echar la culpa a los otros.

Pero Jesús nos ofrece su perdón y nos invita a perdonar. Pidamos al Espíritu Santo la gracia de reconocer humildemente nuestros pecados y la fuerza para perdonar a quienes nos han ofendido.

El perdón libera nuestros corazones y les da alas. El rencor, por el contrario, produce amargura y encadena.

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