Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 16 de abril de 2018

La resurrección de Señor (1)


Ya hemos dedicado muchas entradas a hablar de la resurrección del Señor y de la Pascua. En las de esta semana vamos a hacer un pequeño resumen, repitiendo algunos de los argumentos tratados.

Con la muerte de Cristo, pareció que sus propuestas y pretensiones habían fracasado. Sus enemigos quedaron momentáneamente convencidos de que se habían deshecho de él para siempre. 

Para ellos, Jesús fue solo un rebelde iluso. Es verdad que hizo algunos signos poderosos que no terminaban de entender, que confundió al pueblo con sus propuestas, que actuó con una libertad inaudita ante la Ley y las autoridades, que proclamó dichosos a los pobres y a los pecadores…, pero acabó abandonado de sus seguidores y –aparentemente– también de Dios. 

Esto les confirmaba en su opinión de que la vida, la predicación y las promesas de Jesús no tenían sentido. 

En un primer momento, sus discípulos pensaron lo mismo, por lo que se escondieron para no acabar como él. Sin embargo, los mismos que huyeron atemorizados, pocos días después salieron a la luz para gritar su fe. A partir de entonces, sufrieron con valor azotes, encarcelamientos, e incluso la muerte. 

Anunciaban lo que habían experimentado: su encuentro con el crucificado que –paradójicamente– se les mostró vivo. No era un sueño ni un fantasma; era Jesucristo: el mismo de antes, pero más que antes. Una presencia que se imponía llena de poderío. Ellos eran testigos.

Los discípulos no cuentan cómo sucedió, porque ellos no estaban allí. Pero afirman con convicción que, en medio del silencio de la noche, contra toda esperanza, Jesús resucitó, y se hizo presente, vivo y actuante en sus vidas. 

No son ellos los que le han buscado o han provocado el encuentro. Él siempre lleva la iniciativa y se ha manifestado a las mujeres, a algunos discípulos por separado, a otros cuando estaban juntos, haciéndoles comprender que se ha realizado lo que parecía imposible: Jesús ha vencido a la muerte y ahora vive para siempre. El Padre le ha dado la razón y ha transformado su humillación en exaltación.

La más antigua confesión cristiana de la resurrección afirma que sucedió «al tercer día según las Escrituras» (1Cor 15,4). El Kerigma predicado por los apóstoles contiene dos características de la resurrección: que sucedió «al tercer día» y que se realizó «según las Escrituras». Mañana, si Dios quiere, explicaremos el significado de estas características.

1 comentario:

  1. P Eduardo q interensante todo loq nos trasmite y enseña gracias q El Señor, le de su PAZ....

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