Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 28 de marzo de 2018

Meditación para Semana Santa


No estaban preparados. Nadie estaba preparado para la manifestación de Jesús, el Nazareno. Pilló a todos desprevenidos. A sus discípulos, que no entendieron los acontecimientos que se avecinaban; a las autoridades judías, que le acusaron de blasfemo y de falso profeta; a Pilato y a los romanos, que lo condenaron sin tener claro por qué; a los soldados, que lo torturaron sin motivo; a los que lloraron su muerte como una desgracia y a quienes la celebraron como un descanso... 

Nadie entendió nada. Se mofaron de él, le escupieron, le azotaron, le acusaron de traición, de blasfemia, de autodenominarse Dios, de revolucionario… Pero nadie entendió lo que estaba pasando.

Tuvo que soportar una horrible pasión para mostrarnos el camino de la vida. Tuvo que soportar la cruz, para que ella se convirtiera en nuestra fuerza. Tuvo que morir para que un soldado romano dijera: "Realmente este hombre era Hijo de Dios". Tuvo que resucitar para mostrarnos cuál es nuestro destino. 

Lástima que entonces nadie estuviera preparado para su manifestación, que nadie adivinara quién era ni para qué había venido.

A nosotros nos dejó para siempre su ejemplo y el don de sí mismo: "Si yo , que soy vuestro Señor y maestro, os he lavado los pies, hacedlo también vosotros... Esta es mi sangre, que se derrama para el perdón de vuestros pecados, haced esto en memoria mía".

Señor Jesús, abre nuestros ojos para que descubramos tu presencia junto a nosotros, abre nuestras mentes para que comprendamos tu mensaje, transforma nuestros corazones para que se parezcan al tuyo. Amén.

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