Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 26 de marzo de 2018

María ungió los pies a Jesús y la casa se llenó de perfume


El evangelio que se lee hoy en misa nos recuerda la unción de Jesús con perfume de nardo. En realidad los evangelios hablan de varias unciones:

Juan dice que sucedió en la casa de Lázaro, «seis días antes de la fiesta judía de la Pascua», y que fue María de Betania la que ungió los pies de Jesús (Jn 12,1). Es el texto que se lee hoy.

Mateo y Marcos dicen que fue en casa de Simón el leproso y no dice el nombre de la mujer, aunque especifica que le ungió la cabeza (Mc 14,1; Mt 26,2).

Lucas habla de otra unción realizada por una prostituta en otro contexto (Lc 7,36-50).

En los casos de María de Betania y de la prostituta se habla de una unción de los pies, un gesto de veneración bastante común en la época, por lo que pudo repetirse varias veces en contextos distintos. 

Pero en el caso de la mujer anónima de Mateo y Marcos se trata de una unción en la cabeza antes de su pasión, lo que adquiere un significado distinto, de consagración mesiánica. 

Como los reyes eran ungidos con perfumes preciosos, el gesto de la unción, realizado en el contexto de la Semana Santa, manifiesta que el que va a morir es verdaderamente el rey-mesías, el ungido del Señor, aquel del que se anunció: «El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros» (Sal 45 [44],8).

También los gladiadores ungían su cuerpo antes de la lucha en la arena. Y Cristo se dispone a enfrentarse definitivamente con el enemigo de los hombres, Satanás. La unción en Betania es una preparación para el combate.

Al mismo tiempo, Jesús dice que esa unción prepara su cuerpo para la sepultura y el amortajamiento.

He explicado detenidamente este evangelio en la entrada titulada:

La unción en Betania.

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