Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 13 de febrero de 2018

Material para la Cuaresma


La Cuaresma es tiempo de gracia y de conversión, tiempo de preparación para recibir el bautismo y para renovarlo quienes ya lo hemos recibido, tiempo de preparación para las fiestas pascuales.

Les recuerdo algunos argumentos que ya hemos tratado los años pasados. Quien quiera profundizar en alguno de ellos solo tiene que hacer un click sobre los títulos.

Significado de la Cuaresma. Todas las cosas importantes las preparamos con tiempo: una boda, un examen de fin de carrera, el nacimiento de un hijo... La Pascua es tan importante para los cristianos, que la preparamos durante 40 días. La Cuaresma, que comienza el Miércoles de ceniza y termina el Jueves Santo por la tarde, ante todo es un tiempo de preparación intensa para la fiesta de Pascua. La idea más importante de este tiempo, la que más resuena en las lecturas y oraciones es la «conversión».

¿Qué es la conversión? La Cuaresma repite continuamente el mensaje de Jesús: “convertíos”. La conversión no es un acontecimiento que se da de una vez para siempre. Es verdad que puede darse una conversión fundamental, un cambio radical de vida en algún momento de nuestra existencia, pero nunca estamos totalmente convertidos porque siempre podemos amar más y mejor, siempre podemos crecer en la imitación de Jesucristo.

Jesús predica la conversión. Al hablar de «conversión», el Antiguo Testamento usa la palabra hebrea šub, que se utilizaba para señalar que alguien que seguía un camino equivocado vuelve atrás y emprende el correcto. El Nuevo Testamento usa la palabra griega metanoia que en su origen tenía el mismo sentido, aunque terminó significando «cambiar de opinión, arrepentirse». En la Biblia indica una verdadera transformación, que conlleva una nueva manera de actuar: «No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente» (Rom 12,2).

Las características de la Cuaresma. Sus cuatro elementos principales son: tiempo de gracia, tiempo de preparación para la Pascua, tiempo de catequesis bautismal y tiempo de conversión. La Cuaresma no significa un paréntesis en el camino, sino una oportunidad de concentrarnos en lo importante, dejando de lado lo accesorio, lo que nos distrae de lo esencial: el amor a Dios y al prójimo. La seriedad de estos días y la gravedad de sus textos deben ir unidas a la verdadera alegría, la que surge del gozo de atisbar la meta de nuestra peregrinación: la participación en la Pascua de Cristo.

Historia y significado de la Cuaresma. En esta entrada profundizamos en la compleja historia de este tiempo litúrgico, así como en su mensaje, deteniéndonos en ocho puntos:
1. Los ayunos de preparación a la Pascua
2. La Semana Santa jerosolimitana
3. El catecumenado
4. La reconciliación de los penitentes
5. Las estaciones cuaresmales en Roma
6. La piedad popular
7. Costumbres cuaresmales
8. Evolución de la Cuaresma

- Los números de la Cuaresma. Reflexión sobre el simbolismo de los cuarenta días y de las seis semanas de Cuaresma. El símbolo de una generación, de una vida, de un tiempo suficientemente largo para realizar algo importante. Las seis semanas de Cuaresma son como las seis tinajas de la purificación. Indican el tiempo del noviazgo, el tiempo dedicado a la limpieza, para que todo esté preparado el día de la boda. La semana séptima se celebra la Pascua, las bodas del Cordero.

Las lecturas de la Biblia en CuaresmaLas primeras lecturas de los domingos de Cuaresma presentan las principales etapas de la historia de la salvación, mostrando la realización progresiva del eterno proyecto de Dios, que se dirige hacia Cristo y culmina en él. 

Las segundas lecturas de los domingos de Cuaresma están tomadas de san Pablo, y sirven para iluminar los temas del día con reflexiones del apóstol. 

Los evangelios de los domingos de Cuaresma del ciclo "a" recogen las catequesis que la Iglesia de los primeros siglos utilizaba en la preparación de los catecúmenos que se preparaban para recibir el bautismo en la noche de Pascua, quedando de esta manera: las tentaciones del Señor (I), la transfiguración (II), la samaritana (III), el ciego de nacimiento (IV), la resurrección de Lázaro (V), Domingo de Ramos (VI). Los otros ciclos comparten argumento los domingos I, II y VI. 

Por lo demás, el ciclo «b» desarrolla los temas relacionados con el misterio pascual de Cristo, quedando así: el templo destruido y reedificado es el cuerpo de Jesús (III), Dios ha mandado a su Hijo para salvar al mundo (IV), el grano de trigo muere para dar fruto abundante (V). 

El ciclo «c», por su parte, expone la llamada a la conversión, con este esquema: convertirse o perecer (III), el hijo pródigo (IV), la adúltera perdonada (V).

- Lecturas del Éxodo en Cuaresma. La liturgia presenta el tiempo de Cuaresma como «un nuevo éxodo, a través del camino cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza». El Éxodo es un recordatorio perenne de que Dios perdona siempre y continúa dando vida, alimento, salud y victoria por el honor de su nombre; que perdona con generosidad y ofrece sus dones con magnanimidad.

- Prácticas cuaresmales: oración, ayuno y limosna. La conversión consiste en vivir conforme a las exigencias del bautismo. El Señor mismo nos indica tres medios útiles para conseguirlo: la oración, la limosna y el ayuno, a las que la Iglesia nos invita especialmente durante la Cuaresma.

La oración es el verdadero núcleo de la piedad. Un «arte» que hay que practicar continuamente, para perfeccionarlo y dar respuesta a la más urgente necesidad de nuestro tiempo: la búsqueda de una espiritualidad auténtica. La práctica de la oración es necesaria siempre, pero la Cuaresma supone una especial invitación a practicarla de manera más fiel e intensa.

Todos los escritores eclesiásticos insisten en que el principal ayuno debe ser el de los vicios y malas palabras. Sin este, el otro no tendría sentido. Para Jesús, el ayuno consiste en colocar la Palabra de Dios por encima de cualquier otra cosa, en amar el alimento espiritual más que el corporal. El ayuno no solo abarca los alimentos, sino también otras actividades humanas. Hoy podría ser un verdadero ayuno el moderarse en el uso de la televisión, de Internet, del teléfono móvil, de las horas de descanso, etc. Lo importante es poner a Dios en el primer lugar, por delante de cualquier otra cosa.

En primer lugar, la limosna enseña a tener una relación correcta con las otras personas. Cuando el Antiguo Testamento estableció la obligación del diezmo para socorrer a los levitas, a los emigrantes, a los huérfanos y a las viudas, indicaba a los israelitas la importancia de la limosna y les ofrecía un cauce para realizarla. En segundo lugar, la limosna ayuda a tener una relación correcta con las cosas, ya que enseña que los bienes de la tierra no son fines en sí mismos, sino medios para asegurar la subsistencia (la propia y la de los demás).

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