Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 10 de abril de 2017

Material para el Jueves santo


Ya hemos hablado del Jueves Santo en varias ocasiones, reflexionando sobre sus contenidos bíblicos y litúrgicos. Quienes quieran profundizar en el tema pueden consultar las siguientes entradas:

Historia y celebraciones del Jueves Santo. Historia de las celebraciones del día y liturgia actual. En la primera lectura se proclaman las disposiciones sobre la cena pascual que Moisés dio a Israel. La lectura de san Pablo recuerda que Jesús instituyó la Eucaristía precisamente en el contexto de una cena pascual y que nos ordenó seguir haciéndolo en memoria suya. El evangelio de san Juan recoge la escena del lavatorio de los pies (que en tiempos de Jesús era un oficio reservado a los esclavos), como manifestación del amor sin límites del Señor. 

La Última Cena de Jesús. Reflexiones bíblicas sobre este acontecimiento. Antes de padecer, Jesús confesó a sus discípulos: «¡Ardientemente he deseado cenar esta Pascua con vosotros!» (Lc 22,15). Finalmente ha llegado el momento definitivo, la «hora» de la verdad, el banquete tantas veces pregustado y deseado. En la Última cena, Jesús sorprende a todos con sus palabras y con sus acciones: lava los pies a los apóstoles y les regala la eucaristía. La postura interior, simbolizada en el lavatorio, toma cuerpo en el reparto de sí mismo, que anticipa e introduce la pasión.

¿Quiénes participaron en la última Cena? La presencia de algunas mujeres y discípulos, además de los doce apóstoles. En la cena pascual participaba toda la familia, incluidos los esclavos y los vecinos. Normalmente Jesús compartió la mesa con toda clase de gente, incluso pecadores públicos. Sería muy extraño que en esta ocasión pidiera a las mujeres que subieron con él a Jerusalén que se quedaran fuera. La Iglesia primitiva sabía que en la última Cena había más personas, por lo que en su liturgia, en el momento de la consagración nunca dice que Jesús «dio el pan a los doce» ni aún «a los apóstoles», sino «lo partió y lo dio a sus discípulos… tomó el cáliz y se lo dio a sus discípulos». 

El lavatorio de los pies. Reflexión bíblica sobre el significado de este gesto de Jesús. Jesús se quitó el manto y lavó los pies de los discípulos. Voluntariamente ocupó el lugar de los esclavos y de las mujeres, se puso en el lugar más bajo, indicando dos cosas: que Él viene a servir y que no admite que unas personas sean consideradas inferiores a otras. Aquí se manifiesta su verdadera identidad. Y en su imitación, la identidad de sus discípulos. Por eso les pide que sigan su ejemplo. 

El lavatorio de los pies, de Sieger Köder. Meditación ante una representación pictórica que plasma verdades teológicas. Jesús está revestido con el “talit”, el manto judío para la oración, indicando que el lavatorio de los pies es un acto de culto. El culto que Él ofrece al Padre es el servicio a los pecadores, la entrega incondicional de sí mismo. En el agua sucia de la palangana se refleja el rostro de Cristo. Es el rostro del que se despoja de su rango y se convierte voluntariamente en esclavo de todos, el rostro del que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por los pecadores.

Jesús y yo. Meditación orante sobre la oración sacerdotal de Jesús después de la Última cena. Jesús ora por sus discípulos: por los que le acompañaban entonces (Pedro, Juan, María Magdalena, Salomé...) y por los que creerán por medio de su testimonio. También por mí. Tal día como hoy, antes de morir, Jesús ORÓ POR MÍ. Antes de su pasión, Jesús pensó en mí.

3 comentarios:

  1. Perseguidos.

    Silbido del viento enfurecido,
    la bestia rasga el alma de tus elegidos.

    Perseguidos pastores por los médanos de arena,
    esperan la ayuda que nunca llega.

    ¿Estamos dormidos?
    ¿No escucháis su clamor?

    ¡Despierta occidente a esta masacre!
    Explosión de púrpura que tiñe de nuevo
    el sudario y el sepulcro.

    Perseguidos y heridos sufren la sinrazón,
    de la guerra y el horror.

    Ni un quejido ni un dolor, a sus enemigos...
    les dan el perdón.

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  2. Muy buena esta poesía, Lola!! Despertemos!!!
    Qué vivamos con intensidad, a la escucha, acompañando a Jesús en esta semana Santa!
    Nuria

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