Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 5 de abril de 2017

Curso de Biblia 2017. 24- La Pascua de los cristianos


Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
24. La Pascua de los cristianos

Al igual que los evangelistas, san Pablo identificó a Cristo con el cordero pascual cuando escribió a los cristianos de Corinto: «Suprimid la levadura vieja y sed masa nueva, como panes pascuales que sois, porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado» (1Cor 7,7).

Este texto puso las bases para una aplicación de la Pascua de Cristo a la vida de los cristianos, ya que dice que estos son los panes que se comían en la cena pascual, como Cristo es el cordero al que acompañaban. 

La reflexión se profundiza cuando habla del bautismo: «Por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su resurrección» (Rom 6,3-5).

La relación entre el bautismo y la muerte de Cristo no la inventa san Pablo, ya que también se encuentra en los evangelios: «¿Podéis ser bautizados con el bautismo con el que yo seré bautizado?» (Mc 10,38); «Hay un bautismo con el que tengo que ser bautizado y estoy angustiado hasta que se cumpla» (Lc 12,50). Pablo la aplica al bautismo del cristiano, que también pone en relación con la resurrección. 

De esta manera, así como la Pascua de Yahvé (Éx 12) se convirtió en la Pascua de Israel (Dt 16), la Pascua de Jesús se transformó en la Pascua de los cristianos. 

Para san Pablo, en esta también confluye la Pascua del Antiguo Testamento, que era «tipo», anuncio, a la que da cumplimiento: «Nuestros padres […] fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar […]. Estas cosas eran figura para nosotros» (1Cor 10,1-11).

La reflexión patrística consideró la muerte y resurrección de Cristo como el centro de toda la historia de la salvación, y subrayó la relación entre este misterio y la celebración de los sacramentos, especialmente el bautismo y la eucaristía. 

El concilio Vaticano II afirma que el misterio de Cristo (y por lo tanto, toda la historia de la salvación) encuentra su culmen y su sentido en el misterio pascual: «Esta obra de redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la antigua alianza, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión» (SC 5). 

También afirma que la liturgia es la actualización sacramental del misterio pascual (y, por lo tanto, de toda la historia de la salvación, que encuentra allí su cumplimiento): «Por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo […]; cuantas veces comen la cena del Señor, proclaman su muerte hasta que vuelva […]. La Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual» (SC 6). 

Así, por medio de los sacramentos y de las otras celebraciones litúrgicas, participamos del misterio pascual de Cristo. Su Pascua se convierte en nuestra Pascua.

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