Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 4 de abril de 2017

Curso de Biblia 2017. 23- La Pascua de Jesús


Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
23. La Pascua de Jesús

Como buen judío, Jesús participó regularmente en la celebración de la Pascua, tal como recuerdan los evangelios: «Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre» (Lc 2,41-42); «Como ya estaba cerca la fiesta judía de la Pascua, Jesús subió a Jerusalén» (Jn 2,13; cf. 6,4; 11,55).

El domingo anterior a su última Pascua, Jesús entró solemnemente en la ciudad a lomos de un borriquillo, entre las aclamaciones del pueblo y de los niños. El pueblo lo acogió como el mesías anunciado por los profetas, aclamándolo como el enviado de Dios encargado de establecer el reinado de Dios sobre Israel. 

En los días sucesivos, realizó dos importantes gestos proféticos relacionados entre sí, en la línea de los que hacían los hombres de Dios del Antiguo Testamento: la maldición de la higuera estéril y la purificación del templo. También desarrolló sus enseñanzas en la explanada del templo, donde tuvo una serie de controversias con sus enemigos. Algunos lo escucharon con gusto, pero la mayoría de los que el domingo lo aclamaron como rey, el viernes pidieron su muerte. 

En ese contexto, Jesús celebró una cena de despedida con sus seguidores, fue juzgado y crucificado, murió, fue sepultado y resucitó, por lo que la palabra Pascua empezó a ser interpretada por los cristianos como la celebración del «paso» de la muerte a la vida, de la humillación a la gloria, apoyándose en san Juan, que afirma: 

«Era la víspera de la fiesta de Pascua. Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre. Y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). 

Pero no solo los acontecimientos finales fueron interpretados como una Pascua. Toda la vida de Jesús fue leída con la misma clave, encontrando apoyo en el mismo evangelista, que escribe: «Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre» (Jn 16,28). San Pablo también explicó el misterio de Cristo como un proceso de abajamiento y glorificación (Cf. Flp 2,6-11; Rom 1,3-4).

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