Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 25 de marzo de 2017

Domingo 4 de Cuaresma


El cuarto domingo de Cuaresma del ciclo "a" (el que toca este año) se lee el evangelio del ciego de nacimiento, del que ya he hablado otras veces:

El ciego de nacimiento.

La curación del ciego Bartimeo.

La curación del ciego en el arte contemporáneo.

Hoy es también el domingo de "Laetare", del que he hablado aquí:

Domingo de Laetare (y segundo escrutinio de los catecúmenos).

El domingo de Laetare y la rosa de oro.

Mañana, si Dios quiere, resumiré estos temas en una sola entrada.

Oración colecta. Oh, Dios, que, por tu Verbo, realizas de modo admirable la reconciliación del género humano, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe gozosa y entrega diligente, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas. Señor, al ofrecerte alegres los dones de la eterna salvación, te rogamos nos ayudes a celebrarlos con fe verdadera y a saber ofrecértelos de modo adecuado por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

El cual, por el misterio de la encarnación, condujo al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos.

Por eso, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

Oración después de la comunión. Oh, Dios, luz que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia, para que seamos capaces de pensar siempre, y de amar con sinceridad, lo que es digno y grato a tu grandeza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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