Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 11 de marzo de 2017

Domingo 2 de Cuaresma


El segundo domingo de Cuaresma se lee el evangelio de la transfiguración del Señor (cada año según la versión de un evangelista, este año toca san Mateo). Ya he dedicado varias entradas a comentarlo:

La transfiguración. El primer domingo de Cuaresma se lee el evangelio de las tentaciones de Cristo en el desierto. Le sigue el domingo de la transfiguración. Esto recuerda a los cristianos que, si perseveran en su combate cuaresmal, podrán contemplar el rostro glorioso de Cristo. La Iglesia quiere subir con Cristo al monte, aunque le cueste trabajo. En el momento oportuno, también ella será transfigurada y se manifestará «resplandeciente de gloria, como una piedra preciosa deslumbrante» (Ap 21,11). Pero antes tiene que estar dispuesta a pasar por el crisol de la humillación y de la cruz, como su Esposo.

Segundo domingo de CuaresmaLas tentaciones nos hablan de nuestra realidad histórica, de nuestra experiencia cotidiana. La transfiguración nos indica la meta de nuestro caminar. Si perseveramos con Cristo y superamos con Él las tentaciones, también nosotros seremos glorificados y viviremos la vida de Dios para siempre. Pero la transfiguración es solo un anticipo de la gloria futura. No es un estado permanente. Tenemos que descender del Tabor y seguir caminando, esforzándonos cada día por vencer al tentador y parecernos a Cristo. Que Él nos acompañe en nuestro caminar. Amén.

Jesús se transfiguró en el Tabor. Todos necesitamos, de vez en cuando, subir al monte Tabor y encontrarnos con la gloria de Cristo. Solo allí encontraremos la fuerza para volver a bajar al valle y hacer frente a los problemas de cada día. Es verdad que no podemos quedarnos perpetuamente instalados en la cima de la montaña, que eso es algo momentáneo, que después debemos regresar a la vida cotidiana, pero también es verdad que necesitamos ver la meta de nuestro caminar, aunque sea momentáneamente y de una manera imperfecta y parcial. Solo así no desfalleceremos en nuestro caminar.

Segundo domingo de Cuaresma: La transfiguración de Jesús. San Jerónimo destaca que solo los que se esforzaron en subir al monte vieron a Jesús transfigurado. Así, los cristianos deben caminar con Cristo para contemplarle: «No se transfigura mientras está abajo: sube y entonces se transfigura […]. Incluso hoy en día está abajo para algunos, y arriba para otros. Los que están abajo tienen también abajo a Jesús […] quien sigue la palabra de Dios y sube al monte, es decir, a lo excelso, para éste Jesús se transfigura».

- Cristo mostró el esplendor de su gloriaSiguiendo a los Santos Padres, la liturgia ve en la transfiguración un anticipo de la resurrección: «Cristo, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el resplandor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección». Si la transfiguración de Cristo es anticipo de la resurrección de su cuerpo mortal, también revela nuestro destino final, ya que es anuncio de la futura glorificación de su cuerpo místico.

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