Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 4 de marzo de 2017

Domingo 1 de Cuaresma


El primer domingo de Cuaresma se lee el evangelio de las tentaciones de Cristo en el desierto, cada año en la versión de un evangelista). Este año toca la de Mateo. Ya he dedicado varias entradas a comentar este evangelio:

Las tentaciones de Jesús.

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Domingo primero de Cuaresma: Retiro de Cristo en el desierto y tentaciones.

Adán y Cristo: donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (comentario a la primera y segunda lecturas del día).

Mañana, si Dios quiere, haremos una presentación resumida de las cosas tratadas en estos enlaces.

La oración colecta de la misa dice así: «Dios todopoderoso, por medio de las prácticas anuales del sacramento cuaresmal concédenos progresar en el conocimiento del misterio de Cristo y conseguir sus frutos con una conducta digna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos».

La oración del ofertorio: «Haz, Señor, que nuestra vida responda
a estos dones que van a ser ofrecidos y en los que celebramos el comienzo de un mismo sacramento admirable. Por Jesucristo, nuestro Señor».

El prefacio: «En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.

El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y, al rechazar las tentaciones de la antigua serpiente, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el Misterio pascual, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.

Por eso, con los ángeles y con la multitud de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo».

La oración después de la comunión: «Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Señor, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos enseñes a vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor».

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