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viernes, 31 de marzo de 2017

Curso de Biblia 2017. 22- Teología judía sobre la Pascua


Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
22. Teología judía sobre la Pascua

La Pascua ritual de los judíos sirve para recordar una grandiosa intervención de Dios, que dio origen a Israel como pueblo. El libro del Éxodo recoge la obligación de mantener vivo el recuerdo:

«Cuando os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significa para vosotros este rito?”, responderéis: “Este es el sacrificio de la Pascua de Yahvé, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas”» (Éx 12,26-27). 

Es natural que, generación tras generación, se profundizara su significado y se enriqueciera su celebración. La Pascua no era un acontecimiento cualquiera, sino la celebración de los orígenes del pueblo, la ocasión anual para renovar la alianza con Dios y para confesar la fe en su providencia: Por caminos maravillosos, Dios llevó a su pueblo de la tristeza al gozo, de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad. 

En cada cena pascual, Israel celebra la obra salvadora de Dios y reafirma su propia identidad como pueblo de la alianza, creado por Dios para ser testigo de su poder y de su misericordia ante el mundo. El Dios que lo sacó de la esclavitud y lo constituyó como pueblo, estará a su lado para siempre.

Desde el principio, la Escritura y la tradición de Israel dieron a la Pascua un doble significado: Por un lado, Dios «pasó» en Egipto, salvando a los israelitas y castigando a los egipcios; por otro, Dios hizo «pasar» al pueblo de la esclavitud a la libertad.

La pregunta retórica de Moisés: «Cuando os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significa para vosotros este rito?”», entró a formar parte de la celebración pascual. El deseo de dar una respuesta cada vez más profunda llevó a una abundante reflexión, que se fue enriqueciendo con el pasar del tiempo. 

A partir del Exilio, además de recordar en cada Pascua las obras de Dios a favor de su pueblo, surgió la idea de que su celebración también sirve para expiar los pecados y para renovar la alianza: 

«Celebraréis la Pascua durante siete días, comiendo pan sin levadura. El príncipe sacrificará por sí mismo y por todo el pueblo un novillo en sacrificio por el pecado. Durante los siete días de la fiesta ofrecerá […] sacrificio de expiación por el pecado» (Ez 45,21-22).

Filón de Alejandría (judío poco anterior a Cristo) testimonia un enriquecimiento posterior de la teología pascual, que tuvo lugar con la interpretación alegórica en el judaísmo helenístico. Hablando de la cena pascual, comenta cómo los cabezas de familia mataron las víctimas en Egipto, sin esperar la llegada de los sacerdotes, y lo siguieron haciendo así durante los años posteriores. De esta manera, la Pascua convertía a todos los israelitas en un «pueblo sacerdotal» (Éx 19,6). 

Cuando trata de la salida de Egipto, traduce la palabra hebrea «Pesaj» por el término griego «Diábasis» (que significa ‘paso’) y la interpreta como una invitación a pasar de las pasiones a la razón, del vicio a la virtud, por medio de la conversión, la purificación, la ascesis y la contemplación, hasta el éxtasis final. Según él, todos los que participan de una dignidad sacerdotal, están llamados a realizar ese camino.

En los tiempos anteriores al Nuevo Testamento, se generalizó la opinión de que durante una fiesta pascual se manifestaría el mesías esperado. 

El poema de las cuatro noches expone perfectamente la comprensión que se tenía de la Pascua en tiempos de Jesús. Esta servía para conmemorar juntas la creación, la elección de Abrahán, la salida de Egipto y la promesa de la futura manifestación del mesías: 

«Cuatro son las noches escritas en el Libro de las memorias. La primera noche tuvo lugar cuando el Señor se apareció sobre el mundo para crearlo […]. La noche segunda fue cuando el Señor se apareció a Abrahán […]. La tercera noche sucedió cuando el Señor se apareció a los egipcios a media noche […]. La cuarta noche tendrá lugar cuando llegue el mundo a su fin para ser redimido […]. Esta es la noche de la Pascua […], reservada y fijada para la redención de todas las generaciones de Israel» (Targum Neofiti I).

Estos son los principales acontecimientos que se asociaron a la Pascua, aunque no los únicos, ya que con el tiempo también se asociaron a la Pascua la liberación de José de la cárcel de Egipto, la caída de las murallas de Jericó, la victoria sobre Senaquerib, el ayuno de Ester, la liberación de los jóvenes del horno ardiente y otros episodios bíblicos. 

De alguna manera, todas las grandes intervenciones de Dios, desde la creación del mundo hasta la redención final, se pusieron en relación con la Pascua, que llegó a unir la memoria de la liberación y de la alianza con la esperanza en la venida del mesías y en la instauración del reino escatológico, ya que la cena ritual de Pascua servía al mismo tiempo para conmemorar el pasado y para anunciar la liberación futura.

La cena de «Pesaj» se llama «Seder», que significa ‘orden’, ya que se sigue un orden antiguo, que fue puesto por escrito después de la destrucción de Jerusalén, en el texto llamado «Hagadá de Pesaj» (que significa literalmente ‘narración de Pascua’). 

En las distintas ramas del judaísmo pueden cambiar las oraciones o algunos ingredientes del menú, pero todas conservan el relato de la salida de Egipto, la bendición del pan ácimo y del vino, así como las preguntas de los niños por el sentido de lo que se está celebrando y las explicaciones de los adultos recordando las intervenciones salvadoras de Dios en la historia de Israel. Estos datos nos ayudan a comprender el sentido de la Pascua de Jesús, ya que son su contexto.

Tomo el texto de mi libro "La Semana Santa según la Biblia", del que hablé en esta entrada.

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