Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 23 de marzo de 2017

Curso de Biblia 2017. 17- El mesías en el Nuevo Testamento



Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
17. El mesías en el Nuevo Testamento

En los evangelios, la gente se pregunta continuamente por la identidad de Jesús: ¿Quién es este que habla con autoridad, que perdona los pecados, que manda al viento y al mar y le obedecen...?

Más específicamente, se preguntan: «¿No es este el Mesías?» (Jn 4,29 7,40ss), «¿No es este el hijo de David?» (Mt 12,23) y le piden que se manifieste personalmente sobre el argumento: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en la duda? Si tú eres el mesías, dínoslo abiertamente» (Jn 10,24).

Las opiniones se dividen, ya que algunos identifican a Jesús con el mesías y otros rechazan esa posibilidad. 

Cuando Jesús pregunta a sus discípulos sobre la opinión que se ha hecho la gente y sobre la opinión que se han hecho ellos, Pedro responde en nombre del grupo: «Tú eres el mesías» (Mc 8,29), «Tú eres el mesías de Dios» (Lc 9,20), «Tú eres el mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). San Juan también recoge una confesión similar de Pedro, aunque en otro contexto: «Tú eres el santo de Dios» (Jn 6,69). Vemos que hay una progresiva profundización en la identidad de Jesús por parte de los primeros cristianos, la cual queda reflejada en estos textos.

Jesús prohíbe en muchas ocasiones a los discípulos y a los que se benefician de sus milagros que lo llamen con ese título, que se prestaba a confusión.

Solo en dos casos lo acepta sin condiciones: cuando la samaritana dice: «Yo sé que cuando venga el mesías nos lo explicará todo», Jesús responde: «Soy yo, el que habla contigo» (Jn 4,25ss). Aquí no había peligro de que ella lo confundiera con el líder político de los judíos, pues era samaritana. También acepta el título cuando el sumo sacerdote, en el juicio, le pregunta: «¿Eres tú el Cristo, el hijo de Dios bendito?». Él respondió: «Lo soy» (Mc 14,61-62). Cuando nadie puede llamarse a engaño porque se encuentra desvalido, a punto de morir, acepta que él es el consagrado de Dios.

Jesús explica a sus discípulos qué tipo de mesías es él, aunque no le escuchan. Sus contemporáneos esperaban un mesías poderoso, como David, que debería restablecer el reinado de Israel y acabar con la dominación romana. Pero Jesús se presenta como un mesías humilde, que viene a servir, que debe padecer y morir por los pecadores. 

Esto provocó una crisis entre los discípulos, ya que iba contra sus ideas. Pedro rechaza que el mesías pueda sufrir, y se lo hace saber. Como la mayoría, esperaba un mesías triunfante, por lo que intenta convencer a Jesús de que se aparte de la vía del sufrimiento. Es la misma tentación que le había presentado el diablo después del bautismo. Por eso, Jesús le llama Satanás y le dice que esa manera de pensar corresponde a los hombres y no a Dios.

Como el mesianismo de Jesús no coincidía totalmente con las esperanzas de sus contemporáneos, algunos lo rechazaron; y los que lo aceptaron tuvieron que fiarse de las enseñanzas de Jesús, dejando de lado sus propias opiniones sobre cómo debía manifestarse el mesías de Dios.

Después de la resurrección, los  discípulos lo identificaron con el mesías prometido. Su primera confesión de fe fue, precisamente, «Jesús es el cristo», el enviado de Dios, que cumple su proyecto de salvación sobre los hombres. La palabra «mesías» o «cristo» adquirió un significado cada vez más profundo.

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