Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 22 de marzo de 2017

Curso de Biblia 2017. 16- La esperanza mesiánica (y 2)



Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
16. La esperanza mesiánica (y 2)

Ayer hablamos de cómo fue surgiendo la esperanza mesiánica en Israel. Con el paso del tiempo, Israel experimentó el sometimiento a los babilonios, los persas, los griegos y los romanos. Los mismos macabeos no se mostraron mejores guías que los extranjeros. Por eso empezaron a desear un rey y un reino de otro tipo.

Sin que desapareciera totalmente la esperanza de un nuevo David que restableciera el reino como antiguamente, los salmos y otros textos bíblicos espiritualizaron cada vez más la figura del mesías futuro y de su reino, que debían traer, principalmente, la «salvación» identificada con el perdón de los pecados y la amistad con Dios, incluso con la participación en la vida divina. 

En los siglos anteriores al cristianismo, especialmente entre los esenios se desarrolló también la esperanza de la llegada de un «mesías-sacerdote», mediador de la gracia y de la redención. 

La esperanza de Israel nunca perdió su dimensión práctica (la independencia política, el disfrute de una tierra, la reconstrucción del templo de Jerusalén), pero se hizo cada vez más religiosa (concretándose en el perdón de los pecados, la relación íntima con Dios, la vida eterna).

Los israelitas oraban suplicando la llegada del mesías-salvador: «Pastor de Israel, […] despierta tu poder y ven a salvarnos, […] ven a visitar tu viña; […] que tu mano proteja a tu escogido [a tu “mesías” o “ungido”], al hombre que tú fortaleciste» (Sal 80 [79],2s).

Los primeros cristianos vivieron la certeza de que esa petición fue escuchada. Pablo, por ejemplo, identifica su predicación sobre Jesús, que es el mesías que establece el reino de Dios (cf. Hch 28,31), con «la esperanza de Israel» (Hch 28,20).

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