Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 8 de marzo de 2017

Curso de Biblia 2017. 10- La alianza con David



Curso de introducción a la Biblia 2017
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
10. La alianza con David

Por distintos motivos que ya hemos visto al tratar de la historia de Israel, a partir del siglo VII a. C. se generalizó la idea de que sobre el trono de David se sentaría siempre un descendiente suyo. Este convencimiento se formuló teológicamente, afirmando que Dios hizo alianza con David, prometiéndole una dinastía que perduraría en Israel (2Sam 7,1).

Este tema caló muy hondo en el corazón de Israel, que lo meditó y cantó en muchas ocasiones, especialmente en los llamados salmos «reales» o «mesiánicos»: «Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: “Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades”» (Sal 89 [88],4-5); «El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: “A uno de tu linaje pondré sobre tu trono”» (Sal 132 [131],11).

Pero no se trata de un pacto con una familia, sino con todo el pueblo, que ve en la Tierra prometida un don de Dios, y en el rey, el mediador de la alianza entre Dios y los fieles. La autonomía política de Israel y el gobierno de un rey descendiente de David eran interpretados como el signo de la bendición de Dios. De alguna manera, el rey es el garante de la alianza, el representante de Dios ante el pueblo y del pueblo ante Dios.

Por eso, se afirma que cada vez que un nuevo rey subía al trono, se renovaba la alianza: «Yehoyadá hizo una alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, por la que el pueblo se convertía en pueblo del Señor» (2Re 11,17); «[El rey], en presencia del Señor, estableció la alianza, con el compromiso de caminar tras el Señor y guardar sus mandamientos, testimonios y preceptos, con todo el corazón y con toda el alma, y poner en vigor las palabras de la alianza escritas en aquel libro. Todo el pueblo confirmó la alianza» (2Re 23,3). 

Históricamente, los judíos reflexionaron primero sobre la alianza que Dios hizo con Israel en el Sinaí, donde Israel se convirtió en «el pueblo de Dios» o «el pueblo de la alianza». Hasta entonces eran solo un grupo de tribus. Desde ese momento comenzaron a ser un pueblo con identidad propia. 

Releyendo su historia, en un segundo momento afirmaron que esto se realizó especialmente en tiempos del rey David, pues habría gobernado sobre las doce tribus unidas. La alianza de Dios con el rey fue interpretada como la actualización de la alianza del Sinaí.

Cuando, en tiempos del exilio, los judíos ya no tenían un territorio ni un descendiente de David que los gobernase, tuvieron que repensar toda su teología y desligar la alianza de su relación con la monarquía.

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