Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 15 de enero de 2017

Domingo segundo del Tiempo Ordinario


Ya han terminado las fiestas de Navidad y hemos entrado en el Tiempo Ordinario, que nos ayuda a descubrir que el Señor está cerca de nosotros todos los días, en todos los acontecimientos, no solo en los momentos especiales, en los días de fiesta. Él camina siempre con nosotros y nos ofrece siempre su amistad.

El color litúrgico de este tiempo es el verde, el de los campos en primavera, que nos invita a dar flores y frutos de vida eterna en nuestra vida concreta.

Hoy escuchamos en el evangelio el testimonio de Juan Bautista, que nos invita a poner los ojos en Jesús y a descubrir que él es «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

En la segunda lectura comenzamos a leer una de las cartas de san Pablo, que nos ayudan a comprender mejor el misterio de Cristo. Él se dirige «a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo».

Los que invocamos el nombre del Señor queremos dejarnos ayudar por Juan Bautista, por Pablo y por todos los que puedan ayudarnos a conocer mejor a nuestro Señor, para amarle cada vez más y servirle cada vez mejor. 

Este es nuestro deseo principal en el tiempo litúrgico que estamos empezando y siempre.

He hablado de los corderos en la Biblia y del significado de la expresión «Cordero de Dios» en esta entrada. ¡Feliz domingo a todos! Especialmente a mis amigos de Puerto Rico, que tienen al cordero místico como símbolo y escudo de su nación.

3 comentarios:

  1. Mansos como corderos...pero fuertes como aguilas para defender nuestra fe..Alabado sea el Señor que en su inmensa misericordia nos perdona todo pecado...

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  2. Hola Padre. Disculpe mi ignorancia pero ¿De que es la bandera que porta el cordero? Le envío un saludo desde Argentina.

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    1. Es una bandera blanca, símbolo de la resurrección, con una cruz roja, símbolo de la sangre. Es la misma que se suele poner en las manos de Jesús cuando se le representa resucitado.

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