Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 22 de noviembre de 2016

Curso de Biblia 2016. 106- El simbolismo de los números en la Biblia (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
106. El simbolismo de los números en la Biblia (1)

La semana pasada hablamos del simbolismo del desierto y el jardín en la Biblia. Hoy y mañana estudiaremos el significado simbólico de los números.

Los occidentales, cuando leemos una cifra en la Biblia, nos preguntamos si ese número es exacto, si corresponde a la realidad; en cambio, en la literatura oriental antigua, no es importante la materialidad, sino el significado simbólico. 

Los números bíblicos no deben entenderse casi nunca como cifras absolutas, sino como símbolos de realidades que no siempre son fáciles de descifrar. Veamos el significado de los principales:

Uno es número perfecto e indivisible, imagen de Dios, aunque también puede ser símbolo de soledad, según el contexto.

Dos puede tener un significado de complementariedad (el hombre y la mujer, el cielo y la tierra), pero también de división y de enfrentamiento.

Tres habla de la plenitud de Dios, que es tres veces Santo e interviene, para salvar, «al tercer día». Abrahán se dispuso a sacrificar a Isaac al tercer día de camino, pero Dios lo salvó (Gén 22,4-12). También Jonás fue expulsado del estómago del pez al tercer día (Jon 1,17). Como sucedió entonces, Dios salvará a su pueblo al tercer día (Os 6,2) y Cristo se manifestó resucitado también al tercer día, «según las Escrituras» (1Cor 15,4). Asimismo, Pablo recuperó la vista al tercer día de haberse quedado ciego (Hch 9,9). En contraste, el malvado Nicanor, perseguidor de los judíos, es «tres veces criminal» (2Mac 15,3).

Cuatro tiene también un sentido de plenitud o de universalidad, pero humana o terrena, más que divina, ya que cuatro son las estaciones del año y los puntos cardinales, a veces llamados los «cuatro vientos» (Ez 37,9; Ap 7,1). También los elementos con lo que todo está formado según la filosofía griega (fuego, aire, tierra y agua). Por eso había cuatro ríos en el paraíso (Gén 2,10) y cuatro son los vivientes que sirven a Dios (Ez 1,10.12; Ap 4,6-8). De ahí que también cuatro animales sean el símbolo de los cuatro evangelios, que hacen presente la Buena Noticia en toda la tierra. Mientras que el círculo es imagen de Dios (no tiene principio ni fin), la imagen del mundo es el cuadrado (que tiene cuatro lados).

Cinco son los dedos de una mano, por lo que tiene sentido de plenitud (que comparte con el diez), por eso son cinco los libros de la Ley (el Pentateuco).

Siete evoca la perfección, la totalidad (es el resultado de sumar tres más cuatro, la plenitud divina y la plenitud humana). Por eso son siete los días de la creación (Gén 1,1-2,4), siete brazos tiene el candelabro que arde ante el Señor (Éx 25,37), las fiestas de Pascua y de las Tiendas duran siete días, cada siete semanas de años se celebra un año jubilar (Dt 15,1), los judíos dieron siete vueltas a Jericó (Jos 6,3-4), Naamán tuvo que bañarse siete veces en el Jordán (2 Re 5,14), Juan recoge siete «signos» en su evangelio, el perdón debe ofrecerse setenta veces siete (Mt 18,22) y todo lo que hace referencia a Dios en el Apocalipsis va en grupos de siete (cartas, sellos, copas, trompetas, etc.). 

El seis, por el contrario, es el símbolo de la imperfección, de los días en que el hombre tiene que trabajar (mientras que el séptimo día es el del descanso), de lo que no está completo (porque no llega a siete). Por ejemplo, en Caná son seis las tinajas de agua para las purificaciones de los judíos que Jesús transforma en vino, acabando con el tiempo de preparación e inaugurando el tiempo nuevo de la gracia (Jn 2,6).

El ocho va más allá de los siete días de la creación, del tiempo ordinario. Así, la circuncisión se practica al octavo día del nacimiento para indicar la nueva vida que se debía desarrollar no bajo los criterios mundanos, sino a la luz de la alianza. Para el cristianismo adquiere gran importancia, porque Jesús resucitó «el día octavo». Como la semana tiene solo siete días, el octavo indica el inicio de los tiempos nuevos. Por eso muchos baptisterios y capillas sepulcrales de la antigüedad tienen ocho lados.

Diez es también un número perfecto, que habla de plenitud, de todo lo que se puede contar con los dedos. Por ejemplo: las diez palabras del decálogo (Éx 20,3-17), que están en relación con los diez «dijo Dios» de la creación (Gén 1), las diez plagas de Egipto (Éx 7-11), las diez generaciones desde Adán a Noé (Gén 5,1-32), las diez generaciones desde Sem a Abraham (Gén 11,10-26), etc.

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