Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 10 de noviembre de 2016

Curso de Biblia 2016. 102- Los símbolos en la Biblia (1)


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
102. Los símbolos en la Biblia (1)

En la Biblia, muchas veces las palabras se convierten en símbolos que sugieren una realidad más compleja de lo que se puede decir con el lenguaje ordinario.

Los judíos no desarrollan ideas abstractas, pero acumulan imágenes simbólicas. Así, dicen que Dios es un «guerrero», un «esposo», un «alfarero» o un «pastor» para transmitir lo que van descubriendo sobre él.

En muchos textos bíblicos la sabiduría de Dios es presentada como una persona: «La “sabiduría” pregona por las calles, en las plazas levanta su voz; grita en lugares concurridos, en la plaza pública proclama: […] Prestad atención a mis razones, […] quiero comunicaros mis palabras» (Prov 1,20s). 

Pero no es la única cualidad divina personificada. Aunque a nosotros pueda resultarnos raro, es un recurso bastante común en la Biblia: «La “salvación” está cerca de los que lo temen y la “gloria” habitará en nuestra tierra; la “misericordia” y la “fidelidad” se encuentran, la “justicia” y la “paz” se besan [...]. La “justicia” marchará ante él y sus pasos señalarán el camino» (Sal 85 [84],10s); «Tu “bondad” y tu “misericordia” me acompañan» (Sal 23 [22],6). En el último caso es como si el beduino que me ha defendido de mis enemigos, me pusiera ahora dos guardaespaldas que me acompañen de regreso a mi casa. Los dos acompañantes son una personificación de la bondad y la misericordia de Dios.

Los elementos constitutivos de la naturaleza (las montañas, los manantiales, los desiertos, los animales, las plantas…), los fenómenos naturales (rayos y truenos, terremotos, viento, nubes…), los metales (oro, plata, hierro…), los colores, muchos objetos de la vida cotidiana (casa, barca, trompetas, yugo…), así como los nombres y los números tienen en muchos textos significado simbólico, que no siempre son fáciles de interpretar.

Algunos símbolos que usa la Biblia son universales, como el sol y la luz, que son imágenes de Dios; o el agua, el aire y el fuego, que se utilizan para hablar del Espíritu Santo. 

Los más comunes son los símbolos cósmicos, que están presentes en todas las culturas. 

En el mundo semítico dividían el universo en tres ámbitos: cielo, tierra y mar (a veces identificado con el abismo o con el infierno). 

El cielo se convirtió en imagen de lo divino y permanente. De él dependen el sol, la luna y las estrellas, así como la luz. Estas realidades se ponen en relación con Dios y con su obra creadora y salvadora.

El mar es imagen de las fuerzas hostiles y de la muerte, de la inseguridad, ya que Israel nunca fue un pueblo marinero y su gran enemigo (los fenicios) atacaba siempre desde el mar. Además, era considerado la morada de «monstruos» terribles e invencibles para el hombre.

La tierra es imagen de lo creado y caduco, especialmente del ser humano. Recordemos que «tierra» se dice en hebreo «adamá» y «hombre» se dice «Adam», que literalmente significa ‘terrestre’. La «Eretz Israel» (‘tierra de Israel’) o «Tierra prometida» adquirió un significado importante como espacio en el que se manifiesta la elección de Dios y sus bendiciones.

En relación con el cielo, la tierra y el mar están los cuatro vientos, los cuatro puntos cardinales o las cuatro direcciones del cielo, que representan todo lo creado y se concentran de manera misteriosa en los cuatro ángulos del altar.

Otros símbolos son propios de una cultura específica, muy lejana a nosotros en el espacio y en el tiempo, por lo que debemos poner atención al interpretarlos si queremos entender su mensaje. 

Por ejemplo, en el Cantar de los cantares, se celebra la belleza de la amada con estas palabras: «Tus cabellos [son] como un rebaño de cabras que trisca por la sierra de Galaad» (Cant 4,1). 

Comparar a una mujer con una cabra o sus cabellos con un rebaño de cabras no es una imagen común en nuestro contexto actual, e incluso podría tener connotaciones negativas, pero para una sociedad de pastores tenía un significado de algo valioso y, por lo tanto, positivo.

Continuará mañana, si Dios quiere.

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