Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 22 de octubre de 2016

Juan Pablo II y el Monte Carmelo


Hoy se celebra la memoria de san Juan Pablo II. Normalmente las fiestas de los santos coinciden con la fecha de su muerte, con la que concluye su vida terrena y comienza su vida en el cielo. Como Karol Wojtila falleció un 2 de abril y esa fecha suele coincidir con la Semana santa o la Octava de Pascua, y en esas fechas no se celebran las fiestas de los santos, se eligió el día de hoy, que es el aniversario del inicio de su pontificado.

Dediqué una entrada a hablar del santuario de san José en Wadowice, su ciudad natal, en donde el futuro papa recibió el escapulario el día de su primera comunión, fue monaguillo y se confesó en numerosas ocasiones. Allí se recuerdan varios recuerdos suyos. Pueden ver la entrada con varias fotografías aquí.

También dediqué otra entrada a hablar de las relaciones de Juan Pablo II con el Carmelo. Allí hablo de sus varios intentos para hacerse carmelita descalzo. Cuando ya era papa y recibía a carmelitas en audiencia, les decía bromeando: “como no me quisisteis cuando os pedí entrar entre vosotros, Dios preparó otro camino para mí”. Pueden ver la entrada aquí.

En otra entrada presento un texto suyo en el que habla del beato Alfonso María Mazurek, o.c.d. y de las persecuciones que los cristianos han sufrido a lo largo de los siglos. Pueden verla aquí.

En su largo pontificado habló muchas veces de la Virgen del Carmen, de santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús, santa Edith Stein y de los otros santos de la Orden. Aquí les recojo un texto en el que habla del Monte Carmelo, que es la cuna de nuestra Orden:

"Al contemplar estas montañas, mi pensamiento va hoy al monte Carmelo, cantado en la Biblia por su belleza. En aquel monte, que se encuentra en Israel, cerca de Haifa, el santo profeta Elías defendió valientemente la integridad y la pureza de la fe del pueblo elegido en el Dios vivo. En ese mismo monte, en el siglo XII d. C., se reunieron algunos ermitaños para dedicarse a la contemplación y a la penitencia. De su experiencia espiritual surgió la orden de los carmelitas. Caminando con la Virgen, modelo de fidelidad plena al Señor, no temeremos los obstáculos ni las dificultades. Sostenidos por su intercesión materna, podremos realizar plenamente, como Elías, nuestra vocación de auténticos «profetas» del evangelio en nuestro tiempo". (Ángelus, 16-07-2000).

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