Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 18 de octubre de 2016

Curso de Biblia 2016. 97- Peculiaridades del hebreo bíblico (y 2)



Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
97. Peculiaridades del hebreo bíblico (y 2)

Al leer la Biblia, hemos de ser conscientes de que algunas palabras pueden tener varios significados y no se usan con el mismo sentido que les damos hoy.

Por ejemplo, cuando la esposa del Cantar de los cantares dice que su amado tiene unos hermosos «cuernos» no significa que le ha traicionado, sino que él es muy fuerte y valiente. Por eso también se dice que «Dios es mi cuerno» para indicar que ‘Dios es mi fortaleza’. 

Lo mismo sucede cuando invita al «temor de Dios»: no quiere decir que hemos de tenerle miedo, sino que nos invita a respetarlo, tener fe y confianza en él. De hecho, la palabra hebrea «yir’a» significa ‘temor’ y ‘miedo’, pero también ‘admiración’, ‘reverencia’ y ‘respeto’, según el contexto.

Además, hay palabras hebreas (y también griegas) que no tienen un equivalente exacto en los idiomas contemporáneos, tal como recuerda la misma Biblia. 

Quien tradujo el Eclesiástico o Sirácide del hebreo al griego (que es la única versión que hoy conservamos) advierte: «Quedáis invitados a leer este libro con benevolencia y atención, así como a ser indulgentes allí donde os parezca que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, no hemos acertado en la traducción de algunas expresiones. Es evidente que las cosas dichas en hebreo no tienen la misma fuerza cuando se traducen a otra lengua» (Eclo, Prólogo).

Como vemos, no hay una correspondencia total entre la manera bíblica de hablar y la nuestra. Las palabras y los verbos no evocan exactamente lo mismo. 

Si contemplo en un museo un idolillo antiguo o un monumento funerario, esos objetos no suscitan en mí las mismas sensaciones que en quienes los construyeron o se acercaron a ellos en su contexto original. Esto sucede con los objetos y también con las palabras, con los textos. 

Hoy tenemos los libros bíblicos traducidos a nuestro idioma, pero hemos de hacer un gran trabajo de interpretación para intentar comprender qué querían decir sus autores. 

No basta con saber el significado de una palabra o de varias, hay que abrirse a lo que sugerían en su contexto. 

Todos sabemos lo que significa la palabra «tierra», pero no evoca lo mismo en labios de una persona que abre un cofre en el que esperaba encontrar un tesoro o en los oídos de quienes viajaban con Colón y ya desesperaban de llegar con bien al final de su viaje por el mar.

Para terminar de complicar las cosas, el hebreo evolucionó a lo largo de los siglos y algunas palabras dejaron de usarse o adquirieron significados nuevos con el pasar del tiempo (como sucede con cualquier otro idioma antiguo o moderno). 

Además, había variantes dialectales y diferentes pronunciaciones, tal como testimonia la misma Biblia: «Cuando uno de los escapados de Efraín pedía: “Quiero cruzar”, los galaaditas le preguntaban: “¿Eres efraimita?”; si él respondía: “No”, le volvían a decir: “Pronuncia, por favor, shibbolet [que significa ‘espiga’]”; pero él pronunciaba “sibbolet”, pues no podía pronunciar correctamente esa palabra. Entonces lo agarraban y lo degollaban» (Jue 12,5-6). 

Lo mismo podemos decir del arameo, que es el idioma que usaron los judíos desde el siglo VI a. C.: «Se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: “Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata”» (Mt 26,73). 

Estas cosas exigen que se ponga mucha atención a la hora de leer un texto, intentando descifrar la época concreta en la que fue escrito, así como su lugar de proveniencia y el uso que se hace de esas palabras en otros textos paralelos o contemporáneos (tanto de dentro como de fuera de la Biblia).

Gracias a Dios, hoy disponemos de numerosos diccionarios y estudios históricos y literarios que nos ayudan a comprender los textos bíblicos, a situarlos en su contexto y a desentrañar el mensaje que quieren transmitirnos. No todos son de la misma calidad, pero muchos son de gran utilidad a la hora de leer la Sagrada Escritura.

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