Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 19 de septiembre de 2016

Curso de Biblia 2016. 95- La sinagoga


Curso de introducción a la lectura de la Biblia 2016
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
95. La religión de Israel
14) La sinagoga

Ya hemos dicho que después del exilio el culto judío se concentró en el templo de Jerusalén. A todos los israelitas se les impuso el deber de peregrinar a Jerusalén para las grandes fiestas, pero es obvio que este era un ideal imposible ya que, por unas razones u otras, muchos no podían acudir a la capital, especialmente los que vivían en la diáspora, que se quedaban sin poder celebrar las fiestas de su pueblo.

En este contexto adquirieron una importancia cada vez mayor las «casas de reunión» o «sinagogas», en las que la comunidad judía se encontraba para tratar de sus problemas y organizarse, también para juzgar y castigar a los culpables. 

Normalmente también eran usadas por los escribas para estudiar y enseñar a leer los textos religiosos.

Con el pasar del tiempo se convirtieron en los espacios donde se encontraba la comunidad creyente para escuchar lecturas de la Biblia con sus correspondientes explicaciones y para realizar plegarias en común, especialmente los sábados por la mañana y los días de fiesta. 

Como la liturgia sinagogal no incluía sacrificios, no había sacerdotes a su servicio, sino encargados de custodiarlas y guardar el orden, elegidos por la asamblea. Los rabinos no eran sacerdotes, sino laicos que coordinaban las actividades.

Al principio, el edificio de la sinagoga no se distinguía de los demás, aunque a partir del siglo III a. C. se construyen con cierta monumentalidad, que aumentará después de la destrucción del templo de Jerusalén. Incluso se hará en cada sinagoga una réplica del candelabro de siete brazos que había en el templo.

Normalmente la «casa de oración» era un salón rectangular de reuniones, precedido por un atrio con una fuente o pila para las abluciones rituales. 

En un puesto de honor, recubierta por telas preciosas, se encontraba el «arca santa», que contenía los royos de las Escrituras. 

Además del salón principal la sinagoga solía contar con otra sala, en la que se hospedaba a los peregrinos, se tenía una comida en común la víspera del sábado y se daba la enseñanza religiosa a los niños.

Durante los últimos siglos antes del cristianismo, en la mayoría de las sinagogas de Palestina las lecturas se hacían en hebreo y después se traducían y comentaban en arameo (este es el origen de los numerosos «targumes» que se conservan). 

En varias sinagogas de palestina y en todas las de la diáspora, los textos se leían y comentaban directamente en griego. 

Normalmente, en Judea las mujeres no participaban en el culto sinagogal y solo tenían permitido el acceso a la sala lateral, aunque en la diáspora las cosas fueron distintas, al menos hasta la destrucción de Jerusalén. 

Con el pasar del tiempo se construyeron «gineceos» para ellas (una especie de galería o coro cerrado con una celosía) y se exigió la presencia de diez varones para poder comenzar la reunión.

El culto en la sinagoga consistía (y así se ha conservado hasta el presente) en la recitación comunitaria del «Shemá Israel» (Dt 6,4-9; 11,13-21), de la «Tefillah» (plegaria de las dieciocho bendiciones) y del «Berakoth» (acción de gracias). 

En el oficio matutino y vespertino de los sábados y días de fiesta, a continuación se leen y comentan algunos pasajes de la «Torá» (el Pentateuco) y de los «Nevi'im» (los profetas, que incluyen algunos de los libros históricos) o de los «Ketubín» (los otros escritos).

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